The German Armed Forces  1657-1945

Insurrecion de Tito
1941
En abril de 1941, en uno de sus últimos triunfos fulminantes, la  Wehrmacht  había conquistado Yugoslavia. La resistencia contra el régimen del Eje comenzó casi en seguida, pero las fuerzas resistentes estaban divididas entre los monárquicos de Mihailovic y los comunistas de Tito. Fue Tito  quien se convirtió en el artífice de la organización de una resistencia de carácter nacional; y cuando Alemania invadió Rusia, su “ejército partisano” se levantó en armas, iniciando ya una abierta insurrección. Los partisanos obtuvieron rápidos éxitos; sin embargo, para sobrevivir debieron batirse no sólo contra las fuerzas de ocupación sino incluso contra los chetnik de Mihailovic. Hasta finales de 1943, los Aliados no empezaron a enviar ayuda y, antes de que llegase ese momento, los partisanos repelieron cinco ataques del Eje, que sometieron a dura prueba las dotes de mando de Tito.

Cuando el 17 de abril de 1941 capituló el Ejército yugoslavo, el hombre que más tarde había de  trazar el destino del país era un desconocido que vivía en un  modesto apartamento de las afueras de Zagreb. Eminente figura del comunismo yugoslavo, buscando antes de la guerra por la policía  a causa de sus actividades políticas subversivas, este hombre corría ahora el peligro de ser detenido por las autoridades de ocupación del nuevo Estado independiente de Croacia, creado por los alemanes y del que Zagreb era la capital. Pero se trataba de un hombre hábil en escapar a las detenciones, así como en adoptar diferentes identidades. En aquel período era conocido por Babic, pero su verdadero nombre era Josip Broz. Algunos de sus compañeros comunistas le conocían también como camarada Tito
Mapa de las operaciones alemanasEl problema ante el que se encontraba Tito, a fines de abril de 1941, era el de transformar la situación de derrota  de desintegración en una ventaja, y aprovecharla después para instaurar un régimen comunista en una Yugoslavia reunificada.
 Pero su lejano objetivo le debía parecer en aquel momento un sueño romántico: puesto que la Unión Soviética era aún aliada de la Alemania nazi, la política que habría de adoptar en el presente inmediato no sería nada clara.

En abril y mayo empezó a convocar reuniones del Comité Central del Partido Comunista Yugoslavo y decidió un plan de operaciones contra los ocupantes: al principio sabotajes, adiestramiento y preparativos; después, cuando el partido estuviera dispuesto y las circunstancias fuesen más favorables, una verdadera y auténtica insurrección.
Como en Zagreb el peligro de ser descubierto era cada vez mayor, el 6 de mayo se trasladó a Belgrado, cuya posición  más central lo hacía un centro más apto para coordinar la actividad de su red clandestina.

Tito lanza su llamada a la insurrección
El 11 de junio, Tito se enteró del inminente ataque de Hitler contra Rusia. Y el 22, cuando la radio alemana anunció la invasión de la Unión Soviética, convocó una reunión de su Comité Central en Belgrado.  Todos estuvieron de acuerdo en la llamada a la insurrección debía lanzarse inmediatamente, y Tito preparó el texto de una  proclama en la que pedía que no se ayudase a <<las hordas fascistas>> y se prestase toda la ayuda posible al pueblo de la Unión Soviética. La proclama se imprimió aquella misma noche en una imprenta clandestina y se la hizo circular por todo el país; el 27 de junio el comité Central se reunió nuevamente formó el Estado Mayor General  militar, destinado a dirigir un ejército de liberación nacional formado por destacamentos de guerrilleros.

La llamada efectiva a la revuelta de los pueblos yugoslavos se lanzó el 4 de julio.
Antes ya se había realizado actos de sabotaje pero la proclama dio a una intensa campaña de ataques por todo el país: camiones incendiados, cables telegráficos cortados, bombas incendiarias arrojadas contra soldados del Eje, ataques a la estación de Belgrado, etc. En sí tenían poca importancia; pero el hecho de que fuesen organizados y que las noticias de sus éxitos  circulasen contribuyó a dar vida al movimiento. El principio de la revuelta se hizo coincidir con un combate que tuvo lugar entre comunistas y policía  en la aldea de Bela Crkva, en Servia, el 7 de julio;  en Montenegro la revolución empezó el 15, en Eslovenia el 22, en Bosnia-Herzegovina y en Croacia el 27. Los alemanes se dieron cuenta muy pronto de que tenían que hacer frente a una rebelión en gran escala, para aplastarla, enviaron a Servia como comandante en jefe e investido de plenos poderes, al general  Bader.

Tito ya había enviado hombres escogidos  las diversas regiones del país, por lo general a sus regiones de procedencia: Edward Kardelj a Eslovenia; Milovan Djilas a Montenegro,  Svetozar  Vukmanovic, (conocido con el sobrenombre de <<tiempo>>)  a Bosnia-Herzegovina; el mismo Tito se ocuparía con Alexander Rankovic, de Servia. A principios de septiembre, Tito, acompañado de Rankovic, de un pope  ortodoxo y de un hombre que se fingía alemán, abandonó Belgrado.

La respuesta a la llamada de Tito había sido unánime, especialmente en Servia, donde en aquel momento la organización comunista era particularmente fuerte. El trabajo de organización  y coordinación de esto grupos dispersos era difícil y peligroso, y requería gran habilidad y autoridad. Tito sobresalió en esta cualidades. Convocó la primera  reunión de comandantes de destacamentos militares en Stolice, Servia, a fines de septiembre, y  de todas las regiones del país llegaron jefes partisanos. Los partisanos sumaban ya unos 70.000, pero tenían pocas armas y municiones. Necesitaban además, saber cuáles eran los objetivos y las directivas. Y Tito se las dio. La guerra partisana debía consistir en una actividad de guerrillas, con incesantes desplazamientos en una zona muy extensa a fin de tener  empeñado el mayor números  posible de fuerzas enemigas: la retirada frente a fuerzas superiores era el mejor modo de conservar la propia fuerza, y  ninguna posición debía defenderse en situaciones de inferioridad numérica.

Primeros éxitos partisanos
Durante el verano y principios del otoño de 1941, la llamada a la rebelión tuvo mucho éxito. Sin embargo los mayores se registraron en Servia y Montenegro.

Una rebelión casi general había estallado en esta última región el 13 de julio, cuando fue declarada principado independiente. Con pocas armas automáticas, pero dotados de un valor casi fanático, los montenegrinos expulsaron rápidamente a las fuerzas italianas de ocupación. En el transcurso de pocos días las empujaron casi hasta las orillas el Adriático;  4000 soldados italianos, es decir, la mayor parte de las tropas presentes en la provincia, cayeron prisioneros. Los partisanos les arrebataron el armamento, pero como no pudieron permitirse el lujo de tener prisioneros, los libertaron casi a todos. El mando italiano envió desde Albania cinco divisiones de refuerzo, mas hubo de pasar un año antes de que consiguieran dominar las principales líneas de comunicación de la provincia.

En Servia, también se difundió rápidamente la revuelta, y numerosas ciudades cayeron en manos de los partisanos, entre ellas Uzice, que conservaron del 24 de septiembre a 29 de noviembre y en la cual se hallaba una fábrica de armas que producía diariamente 470 fusiles y muchas municiones. En Servia, como en otras partes, esta fase de apoyo popular a la rebelión desató muy duras represalias por parte de los ocupantes.

En el curso del verano de 1941, los partisanos entraron por primera vez en contacto con un tipo de  guerrillero diferente: se trataba de los  Chetnik, cuyo jefe era un ex teniente coronel del Ejército regular, de nombre Draza Mihailovic. Su puesto  de mando se encontraba en Ravna Gora, no lejos de Valjevo; otros comandantes chetnik, que se  mantenían en estrecho contacto con Mihailovic, operaban en diferentes regiones de Servia oriental y occidental.

En esta fase, Tito opinaba que un frente unido de todas las fuerzas en rebelión podría obtener  mejores resultados y por este motivo quiso entrevistarse con Mihailovic. Los jefes se encontraron por primera vez a mediados de septiembre, cerca de Ravna Gora; pero desde el primer cambio de impresiones quedó claro que un verdadero abismo separaba al comunista Tito del monárquico Mihailovic. En el curso de estos encuentros, sólo se llegó a algún acuerdo para la cooperación limitada entre los dos movimientos; pero Mihailovic, quien se había puesto en contacto con el gobierno yugoslavo en el exilio, pidió tiempo para estudiar las proposiciones de Tito. 

El segundo encuentro se efectuó a fines de  noviembre y, entre tanto sucedido muchos acontecimientos importantes. En aquel momento los partisanos, obligados a abandonar sus posiciones de Servia, se estaban retirando, mientras la posición de Mihailovic se había reforzado con la llegada de un oficial de enlace inglés, el comandante D.T Hudson. Deseoso de que los ingleses conociesen las actividades y planes partisanos, Tito quiso que el comandante Hudson estuviera presente en la segunda entrevista, pero Mihailovic se negó y así, mientras se desarrollaban las conversaciones, Hudson permaneció en una habitación cercana. Tito presentó a Mihailovic doce propuestas, entre ellas la de formar un mando conjunto y desarrollar operaciones combinadas contra los ocupantes; el territorio liberado y el equipo capturado se administraría conjuntamente por ambas partes. Estas propuestas fundamentales fueron rechazadas de plano por Mihailovic y con ello las negociaciones se interrumpieron; además, antes de esta entrevista ya se habían producido encuentros armados entre los partisanos y los chetnik.

Y antes de esta ruptura, los alemanes  decidieron que había llegado el momento de poner fin a  la insurrección partisana, pero para conseguirlo era indispensable organizar una operación militar en gran escala en Servia. 

La primera ofensiva del Eje.
Tropas italianas en busqueda de guerrilleros partisanosLa primera ofensiva alemana contra los partisanos empezó en Servia occidental a mediados de septiembre de 1941. Las fuerzas partisanas que operaban en dicha zona comprendían unos 25.000 combatientes (hombres y mujeres), organizados en 23 destacamentos. Las fuerzas alemanas, a las órdenes del general Bader, ascendían a 80.000 hombres. Para coordinar el mando de estas unidades, se llamó al jefe del Cuerpo de Ejército VIII. Según los planes alemanes, deberían asegurarse el dominio de las principales vías de comunicación y de las mayores ciudades de Servia, y así cercar y aniquilar a las fuerzas partisanas. La operación se efectuaría en dos fases:

? La primera consistiría en un ataque desencadenado contra Uzice, en tres direcciones (Kragujevac-kraljevo, Valjevo y Ljubovija) y por tres divisiones motorizadas apoyadas por carros de combate y bombarderos ligeros.  Los alemanes consiguieron su propósito, pues los partisanos empezaron a evacuar Uzice a fines de noviembre. Tito  abandono la ciudad a pie, llevando consigo un fusil automático, tan sólo 20 minutos antes de que entrasen los alemanes.

? La segunda fase de la operación alemana consistía en un movimiento envolvente en tenaza: una rama partiría de Kraljevo, avanzaría a lo largo del río Ibar, rebasaría Raske y alcanzaría Novi Pazar; la otra debía descender desde Uzice hacia el sur, en dirección al río Lim. Pero el grueso de las fuerzas partisanas consiguió alejarse antes de que la tenaza alemana se cerrase; atravesaron el Lim y llegaron a Bosnia, donde continuaron su largo caminar durante dos meses. El 25 de enero de 1942 llegaron a Foca, ciudad de Bosnia liberada recientemente y en la que pudieron permanecer hasta mayo. Sólo entre los miembros del Partido comunista, las pérdidas sumaban 3000 hombres y 20 miembros del Comité Central.

Mientras estaba aún en curso la retirada, Tito ya pensaba en la necesidad de dar una nueva organización militar a sus fuerzas, pues la reciente derrota y la pérdida de Servia habían demostrado la debilidad de sus unidades como fuerzas combatientes. Les dijo a sus comandantes que, en las guerrillas, una derrota siempre debe ir seguida de algún éxito, y que a estos éxitos se les debía dar gran relieve para mantener vivo el entusiasmo de las tropas: desde luego, su capacidad para comprenderla importancia de lo que en Occidente se llamaba «guerra psicológica» era excepcional.

En aquel periodo -y así fue hasta finales de 1943- el reclutamiento se hacía a base de voluntarios, con mucho entusiasmo, pero sin ninguna experiencia. Y comprendía que era necesario contar con un ejército compuesto de «profesionales», organizado en unidades militares regulares y disciplinadas.

La 1ª. Brigada de asalto proletaria se constituyó el 22 de diciembre; la 2ª. lo fue a principios de mayo, formada por veteranos sobrevivientes de la retirada de Servia. Cada brigada tenía un comisario político y un oficial comandante. Celo y moral eran indudablemente los factores más importantes, puesto que, por lo menos al principio, estas unidades carecían de los suficientes efectivos, armas, uniformes y de muchas otras cosas indispensables para una vida militar organizada.

Pese a todo, a fines de noviembre de 1942, los partisanos de Tito formaban ya un Ejército de 28 brigadas (o sea, 8 divisiones), cada una con unos 3000-4000 hombres y mujeres. Así, pues, Tito ya disponía de un Ejército popular de liberación que podía emplear, cada vez con mayor seguridad, en operaciones ofensivas. En julio de 1942, los partisanos celebraron el aniversario de su insurrección, y a partir de fines de año consiguieron crear una escuela de adiestramiento para oficiales e incluso el primer destacamento naval partisano, que operó en la costa adriática.inicio

Esta vasta y articulada organización representó la base que llevó a Tito a la victoria. Constituyó quizás el más brillante v previsor de sus éxitos. Realizada en un momento en que no se vislumbraba  aún ningún indicio de la derrota alemana y sin recibir la menor ayuda de los Aliados, dicha organización constituyó la resuelta respuesta de Tito a las circunstancias adversas y desesperadas que vivía.

Por todas estas razones, 1492 fue un año difícil. Las segunda ofensiva alemana, lanzada el 15 de enero de 1942, siguió de cerca de la primera, y el 10 de mayo los partisanos debieron abandonar Foca. No obstante, tuvieron sus pequeños y heroicos éxitos. Uno de ellos fue la defensa  de las posiciones establecidas en los montes Koraza, en Bosnia. En este lugar, 3000 partisanos rechazaron una fuerza combinada de 20.000 hombres (alemanes, italianos y chetnik), apoyada por carros de combate y aviones. Incluso después de haber rastrillado las vías de acceso a las posiciones de los partisanos en la montaña, los alemanes no consiguieron desalojarla.

La tercera ofensiva siguió a la segunda prácticamente sin solución de continuidad, y duró desde abril a junio de 1942. Una vez más, el objetivo de la ofensiva era obligar a las fuerzas de Tito a un encuentro frontal para aniquilarlas; pero de nuevo Tito adoptó idénticas contramedidas. Decidió retirar sus fuerzas de las posiciones de Bosnia oriental, próximas a Montenegro, y trasladarlas a Bosnia occidental, más cerca de Croacia. La retirada tuvo una doble finalidad: huir de la trampa que los alemanes le estaban preparando y constituir el movimiento partisano en una nueva zona donde se podían esperar mejores apoyos y nuevas adhesiones. La retirada se inició el 24 de junio y, tras una marcha de 250 km, las fuerzas de Tito alcanzaron el mismo centro del territorio de Pavelic. La ciudad de Jajce, antigua fortaleza turca, se conquisto el 25 de septiembre y la pequeña ciudad de Bihac el 5 de noviembre. Siguió un período de calma, que Tito aprovechó para emprender una reorganización política del movimiento.

Objetivos  a largo plazo de Tito
Desde el principio, Tito estaba convencido que un factor muy importante para ganar la guerra sería la organización de un Gobierno civil en las zonas liberadas. Esto era importante porque atraería nuevos reclutas y aseguraría a su Ejército apoyo, cobertura, informaciones y abastecimientos por parte de las poblaciones locales. También era importante para poder alcanzar su objetivo político a largo plazo, fin que nunca perdía de vista.

En septiembre de 1941 ya se había elaborado un sistema de gobierno local en el curso de las conferencias que los jefes partisanos sostuvieron con Tito en Stolice. El gobierno civil en las zonas liberadas se confiaría a los comités de liberación nacional. Estos comités debían estar formados por personas del lugar, elegidas o designadas, pero representativas de todos los grupos políticos y religiosos locales que estuvieran dispuestos a apoyar a los partisanos. Los comités de liberación nacional serían responsables de todo lo concerniente a la administración local. 

Con la conquista de Bihac, en noviembre de 1942, los partisanos se aseguraron por completo el control de un vasto territorio ya liberado, que limitaba con Bosnia, Croacia y Dalmacia. Con ello resultaba mucho más fácil mantener contactos con los partisanos de Eslovenia. Tito eligió este momento para llevar a cabo un genial golpe de efecto en el terreno de la guerra política. Convocó a los representantes de las fuerzas partisanas a los de las que le apoyaban en las diferentes zonas del país, a una conferencia que debía celebrarse en Bihac el 26 de noviembre de 1942. La asamblea se denominó «Consejo antifascista para la liberación nacional de Yugoslavia>. 

La constitución de este consejo era un audaz gesto de desafío a las autoridades ocupantes, y era también una actitud de valor y de fuerza con el fin de elevar la moral de las tropas partisanas y de todos aquellos que las apoyaban. Además, el congreso también tenía un importante objetivo internacional: demostrar a los Aliados que en Yugoslavia existía un movimiento combatiente que abarcaba todas las regiones del estado, independiente de los chetnik y del gobierno exiliado en Londres, y que era lo bastante fuerte para poder celebrar una reunión en el mismo país ocupado por el enemigo. 

Se hizo todo lo posible para que el congreso fuese al mismo tiempo una solemne ceremonia. La sala de la asamblea de Bihac se adornó ostentosamente. Del techo, decorado con ramos de siemprevivas, pendían las banderas partisanas y aliadas (incluida la americana).  Encima de la mesa se levantaba un estandarte con el lema partisano SMRT FASIZMU: SLOBODA NARODU (Muerte al fascismo; libertad para los pueblos). Tito, el artífice de la asamblea, eludió las luces de las candilejas, y no se sentó en un palco, sino en la primera fila de asientos, entre el auditorio que llenaba la sala.inicio

En una atmósfera de gran entusiasmo, el alto mando dio cuenta al congreso de la marcha de las operaciones militares. Se aprobó un programa articulado en seis puntos, con los cuales la asamblea declaraba que los auténticos objetivos de la guerra eran la liberación de todo el país, la conquista de la independencia y la instauración de «derechos verdaderamente democráticos y de libertad para todos los pueblos de Yugoslavia». Los partisanos dieron la mayor publicidad al congreso de Bihac y Tito consiguió así su objetivo, pues los Aliados se vieron obligados a tomas nota de la existencia de aquel movimiento.

Problemas relacionados con la ayuda 
En la cuestión de conceder ayuda a Tito por parte de los Aliados intervenían consideraciones de naturaleza tanto militar como política. Durante dos años, los factores políticos habían actuado en contra de Tito y, por otra parte, desde el punto de vista militar, los Aliados no habían considerado a los Balcanes como un sector importante. 
En  Gran Bretaña se sabía aún  muy poco de los partisanos, y cuando comenzaron a difundirse los relatos de sus empresas, de momento fueron consideradas como historia  fantásticas. Asimismo, a causa de la hostilidad existente entre partisanos y chetnik, y de la política comunista adoptada por los jefes partisanos, el Gobierno yugoslavo en el exilio intentaba a toda costa desacreditar a Tito y a su movimiento.

Pero a fines de 1942, empezaron a llegar a Londres informaciones suficientes para aclarar, más allá de toda duda, cuál era la realidad de la situación. En el mismo periodo, también la marcha de la guerra en el Oeste estaba cambiando. Las inminentes operaciones aliadas en Italia hacían que todo cuanto sucediese en los Balcanes fuera ahora mucho más importante que antes. Al principio, los partisanos estaban muy irritados por la consideración que las autoridades inglesas habían demostrado hacia Mihailovic, y tuvieron que presenciar, con envidia e indignación, el envío de oficiales de enlace y de abastecimientos británicos a los chetnik. Los partisanos esperaban, pues, que su salvación viniese de la ayuda que les proporcionaría Rusia. Pero estas esperanzas se vieron también defraudadas.

La esperanza en la ayuda de Rusia fue muy grande en los primeros meses de 1942. En febrero fueron informados de que algunos oficiales de enlace rusos iban a ser lanzados en paracaídas en su zona. Desde luego, los partisanos hubieran preferido recibir abastecimientos. Sus heridos morían de gangrena, de septicemia y de tétanos. Habían tenido graves casos de congelación y una epidemia de tifus. Querían productos farmacéuticos, municiones, botas, suero antitífico y tela para confeccionar uniformes. Pero, de todos modos, prepararon las pistas de aterrizaje para recibir a los paracaidistas soviéticos. Durante 37 días y 37 noches Mosa Pjiade esperó con sus hombres en el monte Durmitor (Montenegro), cubierto por una espesa capa de nieve, la llegada de los aviones soviéticos. Mas estos aviones no llegaron nunca. En abril, finalmente, se recibió un mensaje que comunicaba la suspensión del envío. La desilusión fue grande, y tanto más profunda y amarga por cuanto había que disimularla: para los comunistas era inconcebible la idea de criticar a la heroica Unión Soviética. Pero la actitud de los jefes partisanos hacia Rusia se hizo más dura y escéptica.

Así, pues, una vez más, sin ninguna ayuda aliada, los partisanos debieron afrontar la siguiente ofensiva alemana (cuarta), que duró desde enero a marzo de 1943, y que fue seguida inmediatamente de la terrible quinta ofensiva, que se prolongó durante todo el verano, hasta octubre. A fines de 1942, Hitler había decidido que, en vista de la posibilidad de una invasión aliada de los Balcanes, las vías de comunicación alemanas que recorrían de Norte a Sur esta península debían ser liberadas definitivamente mediante la total destrucción de las fuerzas partisanas. El teniente general Von Lóhr fue llamado al puesto de mando de Hitler para recibir instrucciones en tal sentido, y, en el curso de aquella entrevista, se tomó la decisión de organizar una operación combinada con tropas italianas y locales. Después, en Roma, se elaboró, con el general italiano Roatta, un plan que preveía ataques desencadenados contra las posiciones partisanas que cubrían una amplia Zona de la Bosnia occidental.

Los alemanes disponían de unos 150.000 hombres, bien armados y motorizados, y de tres divisiones italianas y tropas croatas.  Las fuerzas aéreas de apoyo eran también numerosas. La ofensiva comenzó a mediados de enero; los alemanes y las tropas de Pavelic atacaron las posiciones partisanas por el Norte y el Este; los italianos lo hicieron por el Oeste y por el sur. Las fuerzas de Tito se veían obstaculizadas, en su retirada, por la existencia de miles de heridos y enfermos; pero se retiraron combatiendo hacia la Bosnia Tito pasa revista a las tropas partisanasoriental, con la idea de llegar después a las elevadas  montañas de Montenegro donde, según creían, estarían nuevamente a salvo (esperanza que se revelaría como completamente infundada). El rendimiento de las divisiones combatientes móviles de Tito fue puesto duramente a prueba durante esta retirada: no sólo debían proteger la retaguardia y los flancos de las columnas a lo largo de muchos kilómetros, sino también hacer el papel de batidores y abrir, a través de las posiciones enemigas, un hueco que permitiese el paso de las columnas en huida. Para alcanzar su objetivo, los partisanos debían atravesar las ciudad de Prozor, en aquel momento en manos enemigas, y cruzar el río Narenta. El 25 de febrero de 1943, Tito dio la orden: «Prozor, debe conquistarse esta noche>. Lo fue, en efecto, y las columnas la atravesaron dirigiéndose hacia el Narenta.

En el Narenta se habían situado, dispuestos para la gran matanza 12.000 chetnik montenegrinos. El mismo Mihailovic acudió personalmente para dirigir la operación que habría de concluir con el aniquilamiento de sus enemigos. Pero en los feroces combates que se desarrollaron junto al río, para mantener abierto el paso y permitir a las fuerzas partisanas atravesarlo con sus 4000 heridos, toda la División italiana Murge fue literalmente arrollada, y los chetnik puestos en fuga desordenada. Bajo el bombardeo de los aviones italianos y alemanes, el paso del río (en las proximidades de Jablanica) por parte de la columna partisana se prolongó durante siete días. Pero, al fin, llegaron a Montenegro.

Sin embargo, tuvieron poco tiempo para festejar su éxito o incluso para recuperar energías, pues en mayo los alemanes lanzaron su quinta ofensiva, decididos esta vez a no fallar.

Esta quinta ofensiva duró hasta fines de junio, y constituyó la prueba más dura y el periodo más heroico de toda la guerra en los anales partisanos. Esta vez los alemanes (4 divisiones alemanas e italianas) contaron con la ayuda de fuerzas búlgaras. En total 120.000 hombres contra 16.000 partisanos. En el curso de esta operación, las fuerzas del Eje emplearon nuevas técnicas antiguerrilla, evitando usar exclusivamente las carreteras principales y sirviéndose de algunos métodos de combate tomados de los mismos guerrilleros. También desalojaron de la zona a toda la población civil. Gracias al apoyo aéreo y a rápidos desplazamientos, consiguieron atrapar en las montañas de Montenegro a los partisanos y cerrar en torno a ellos un fuerte cerco. El haber dejado que sus fuerzas fuesen rodeadas fue quizás el único error grave cometido por Tito durante la guerra. Los alemanes contaban con fuertes bases al sur y al este del anillo; pero el sector noroccidental era el menos sólidamente asediado y fue aquí, en el punto más débil, por donde Tito intentó salir. Mientras la 3ª. División partisana empeñaba a los alemanes en una serie de combates sin cuartel la 1ª., 2ª. y 7ª. Divisiones consiguieron, combatiendo, abrirse camino a lo largo de los tramos superiores del río Sutjeska y Narenta y alcanzarla carretera Foca-Kalinovik. Previendo sus intenciones, los alemanes ocuparon las alturas montañosas que dominaban el desfiladero de SutJeska, a través del cual debían pasar los yugoslavos. La batalla decisiva se trabó en los primeros días de junio, y hacia el 12 la 1ª. División proletaria había roto el cerco, alcanzando la carretera y asegurándose el control de la situación. 

Una vez más, Tito pudo huir de la trampa alemana. A fines de julio, el grueso de las fuerzas partisanas había conseguido retirarse a Bosnia nororiental al precio de 8000 vidas. 

Se trataba de muy graves pérdidas; pero lo importante era que el movimiento partisano aún vivía y estaba lleno de ardor combativo. Tito había llevado a cabo una de las más brillantes empresas de la historia moderna: su rebelión acababa de forjar un ejército nacional de guerrilleros, una fuerza que desempeñaba un papel muy importante en la liberación de la Europa meridional. 


 Waffen-SS
 Heer
 Main/Principal
 Armamento/Equipment
Luftwaffe
 Sistema de Informacion
 Documentos/Documents
Campaigns 1657-1945
 Articles/Articulos
 Tratados/Treaties
Military Music/Musica
Medals and Awards
Military Videos/Videos
German Militaria
Kriegsmarine
 Libros Ebook
Suscription/Suscribirse
Biblitoteca/Bookhouse
Modelismo Militar
Enlaces/Links