The German Armed Forces  1657-1945
El paso del Volturno Octubre-Noviembre de 1943

Teóricamente, la invasión de Italia por parte de los Aliados debía hacer de  gigantesco imán para sustraer el mayor número posible de divisiones del Eje de la costa del canal de la Mancha y del frente oriental. Sin embargo, Roma ejercía una especie de fascinación hipnótica en el mando aliado, y la trabajosa victoria de Salerno se convirtió así en el simple preludio de una continuación de las operaciones. El primer obstáculo que se interponía en el camino de los Aliados era el río Volturno, que sólo lograron cruzar después de un mes de encarnizados combates, al final dedos cuales el Ejército 5 quedó tan agotado que necesitó un mes de descanso y el envío de refuerzos para poder efectuar ulteriores ataques.

Tendido de un puente Bailey sobre el VolturnoTras penetrar en el sur de Italia, en octubre de 1943, y después de asegurarse el dominio del puerto de Nápoles y de los aeródromos de Foggia y desplegar a lo largo de los ríos Volturno y Biferno, los Aliados debían decidir si continuarían remontando la península italiana y, en caso afirmativo, saber hasta dónde. La directiva de los jefes del Estado Mayor conjunto se limitaba a afirmar que el general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe aliado, debía eliminar a Italia de la guerra (objetivo ya conseguido) y mantener empeñado el mayor número posible de divisiones alemanas. Careciendo de objetivos geográficos específicos, la campaña de Italia se transformó, según la opinión restrospectiva del general H. B. L. Alexander, en «un gran ataque de contención».

Sin embargo, eran los objetivos los que daban una finalidad a las operaciones y determinaban la entidad del material necesario para llevarlas a cabo; por ello, durante casi todo el verano y comienzos del otoño de 1943 los políticos, comandantes y oficiales de Estado Mayor aliados examinaron y discutieron los resultados a los que podría conducir un asentamiento favorable en el sur de Italia.

Antes de la invasión de Sicilia, los estrategas aliados consideraban que los alemanes no reforzarían una Italia ya en plena fase de colapso y que, después de un desembarco en la península, se retirarían al Apenino septentrional. Su previsión coincidía con el «deseo muy intensos que Winston Churchill tenía de liberar Roma. «Sólo Roma escribió- podría, satisfacer las exigencias de la campaña de este años.

La rápida conquista de Sicilia indujo a los Aliados a prever que sería posible efectuar un fácil avance hacia el norte de Italia y, desde allí, lanza operaciones terrestres y anfibias contra el sur de Francia y los Balcanes. Eisenhower preconizaba a su vez la conquista de la llanura paduana para garantizar la seguridad de las bases aéreas creadas en diversas partes de Italia.

Pero a fines de agosto, el optimismo de Eisenhower se esfumó. A pesar de que su objetivo inmediato era Nápoles, la proyectada invasión comenzada en Salerno tenía como objetivo lejano Roma, y ahora opinaba que, teniendo en cuenta la entidad de las fuerzas enemigas y los riesgos que entrañaban los desembarcos, la conquista de sólidas cabezas de puente en Nápoles y en Foggia ya sería un buen resultado. Sin embargo, todavía estaba convencido de la necesidad de continuar hacia el Norte, puesto que una situación de equilibrio, con los Ejércitos enemigos desplegados pasivamente uno frente al otro y separados por una tierra de nadie, era simplemente inconcebible. Una situación estática, equilibrada, no conseguiría mantener empeñado a un gran número de fuerzas alemanas. Por lo tanto, o los Aliados echaban a los alemanes de Italia o serían ellos los echados. Eisenhower comunicó a los jefes de Estado Mayor, que participaban en la conferencia «Quadrant» de Quebec, que más allá de Nápoles el avance de las fuerzas aliadas sería «lento y fatigoso». La posibilidad de un hundimiento rápido en dirección a los Alpes era un «pensamiento muy agradable, pero... con el que no se podía contar con seguridad».

Los jefes del Estado Mayor conjunto comprendieron que el avance aliado por Italia sería lento; pero insistieron en la importancia de conquistar los aeródromos situados en los alrededores de Roma. Incluso el general Marshall, que tenía sus dudas sobre el valor de la campaña de Italia, convino en que Roma debía ser conquistada lo antes posible. Partiendo de este planteamiento tan optimista, los jefes del Estado  Mayor conjunto dieron instrucciones a Eisenhower para que comenzase a  estudiar los planes preliminares para la invasión del sur de Francia, operación que debía efectuarse durante o después de la campaña de Italia. Todos suponían que antes de la primavera de 1944 las fuerzas aliadas habrían obligado a las alemanas a retirarse de la línea Pisa-Ancona.

Durante los días de incertidumbre que precedieron al desembarco de Salerno, Eisenhower ya informó a los jefes del Estado Mayor aliado que probablemente las fuerzas aliadas tendrían que efectuar gradualmente un avance a lo largo de la península italiana. Y cuando en la cabeza de puente de Salerno la situación se hizo crítica, declaró que tal vez un avance por las zonas montañosas del sur de Italia sería demasiado difícil para justificar los sacrificios que ello supondría: hacer frente a los alemanes en alguna otra zona quizás podría conducir a resultados más rápidos y a un coste menor.

No obstante, cuando la batalla de Salerno se resolvió en un triunfo aliado, Eisenhower informó a Marshall de que los alemanes estaban tal vez demasiado «agitados» para establecerse en una posición defensiva al sur de Roma. Todos los elementos de juicio de que se disponía daban a entender que estaban efectuando un repliegue en gran escala. Después de Roma no habría ninguna zona adecuada para una defensa prolongada antes de la línea Pisa-Rimini.El día 1 de octubre, Eisenhower expresó su esperanza de poder encontrarse al norte de Roma dentro de seis u ocho semanas. Tres días después, él y Alexander ya suponían que las tropas aliadas entrarían en Roma a fines de mes. Y como tenía pensado trasladar su puesto de mando de Argel a Nápoles, Eisenhower decidió entonces esperar para poderse «establecer directamente en Roma».

Pero, a partir del 7 de octubre, todas las esperanzas de que los alemanes se limitarían a llevar a cabo una acción retardadora en el sur y en el centro de Italia se hundieron totalmente: aquel día se comprobó que divisiones alemanas se estaban desplazando desde el norte de la península para apoyar a las fuerzas desplegadas al sur de Roma. Así, pues, los alemanes se estaban preparando para ofrecer resistencia al avance aliado; pero ¿dónde? «Es evidente -comunicó Eisenhower a los jefes del Estado Mayor conjunto- que tendremos que luchar con gran energía antes de que podamos alcanzar Roma».

¿No era mejor entonces detener a las tropas en los ríos Volturno y Biferno ?
Eisenhower creía que no. Roma y sus aeropuertos eran valiosísimos, y la línea Volturno-Biferno no era lo suficientemente profunda para garantizarla seguridad de Nápoles y de Foggia. La posición mínima aceptable era una línea que pasase bastante más al norte de Roma, y él opinaba que una posición de ese tipo sería difícil de alcanzar.

Roma: objetivo vital
Tropas americanas pasando el rio a traves de un puente hecho con neumaticosAlexander se mostró de acuerdo con Eisenhower. En su opinión, los alemanes ya habían superado la inquietud producida por la rendición italiana. El país estaba tranquilo, y en lo referente a fuerzas terrestres, Alemania  contaba aún con la superioridad numérica. Además, al sur de Roma el terreno se prestaba de forma inmejorable para una guerra defensiva. Desde noviembre de 1942 los alemanes no hacían otra cosa que retirarse: tras dejar El-Alamein, en Egipto habían cruzado Libia, abandonando Túnez, después Sicilia y, finalmente, las regiones meridionales de Italia. Por lo tanto, ya había llegado el momento de detenerse, aunque sólo fuera por la moral de las tropas. Pero ahora existía, además, una razón política. Los alemanes habían liberado a Benito Mussolini de su prisión y acababan de crear un gobierno presidido por él mismo; en esta situación,  conservar Roma como capital de Mussolini significaría reforzar la dachada de su poder restaurado.

Por todas esta rezones, a mediados de octubre los comandantes aliados del frente italiano se habían convencido de que las posibles operaciones al otro lado del Volturno y del Biferno encontrarían una resistencia cada vez más enérgica. Y sin embargo, las peticiones para que se enviasen a Italia más hombres y material recibían una respuesta negativa. Además resultaba difícil enviar abastecimientos a Italia, pues el número reducido de medios de desembarco y de buques, así como la limitada capacidad del puerto de Nápoles y de los otros puertos menores, impedían el desplazamiento rápido de hombres y de material.

A comienzos de octubre, el puesto de mando del Grupo de Ejércitos XV, de Alexander, se trasladó a Bari, asumiendo la dirección de las operaciones terrestres, confiadas al Ejército 5 del general Mark Clark y al Ejército 8 británico del general Montgomery. Separados por montañas que a menudo alcanzaban más de 2000 metros de altura y cuyas cimas estaban ya totalmente cubiertas de nieve, los dos Ejércitos debían actuar de forma independiente.

Alexander definió los objetivos situados más allá de Nápoles y de Foggia como «áreas vitales que comprenden una serie de aeródromos practicables en todas las condiciones atmosféricas, puertos y centros de comunicación». En definitiva, los Ejércitos deberían avanzar codo a codo para alcanzar una línea que, partiendo de Civitavecchia, a unos 80 km al norte de Roma, llegaba hasta San Benedetto del Tronto, a otros tantos km al sur de Ancona; la línea pasaba, pues, mucho más al norte de la capital. Sin embargo, algo muy significativo era que Alexander no hiciera alusión alguna a Roma. Su importancia era tan absoluta e indiscutible que estaba implícita en todas las órdenes. Los signos que indicaban un endurecimiento de la resistencia alemana en el sur de Italia no imponían ninguna modificación en los planes de los Aliados; pues éstos iban a poner en práctica su ofensiva hacia el Norte, hasta Roma y aun más allá. Si disponían o no de los medios para llevar a cabo su plan era algo muy discutible. Pero lo cierto es que no parecía haber otra alternativa.

Como al principio Hitler sólo se preocupó por garantizar la seguridad de las fuerzas alemanas desplegadas en el sur de Italia, había ordenado a su comandante en jefe, Feldmariscal Kesselring, que se retirase a los Apeninos septentrionales y, una vez alcanzada la línea Pisa-Ancona, pasase bajo las órdenes del Feldmariscal Rommel. Siguiendo estas órdenes, Kesselring dio instrucciones al general Heinrich von Vietinghoff para que, a través de sucesivas líneas defensivas, trasladase el Ejército 10 a la zona de Roma. Esto era la aplicación práctica de la idea estratégica de Rommel, quien consideraba que un frente en el sur de Italia podía ser envuelto fácilmente por operaciones anfibias aliadas.

Sin embargo, Kesselring deseaba defender la península italiana desde el sur de Roma, y sus ideas ganaron terreno cuando el Ejército italiano dejó de constituir un peligro y el avance de los Aliados pareció contenido. Una prolongada defensa en el sur de Italia retrasaría una posible invasión de los Balcanes, esperada por los alemanes; mantendría más alejados de Alemania a los bombarderos aliados; significaría, asimismo, conservar Roma; además, requeriría menos fuerzas que una línea defensiva en los Apeninos septentrionales. La habilidad demostrada por Kesselring al tratar con las fuerzas italianas que se habían rendido y al obstaculizar a las unidades aliadas, indujo a Hitler a ordenarle, el 17 de septiembre, que prolongase la acción defensiva a lo largo de la Línea Bernhard por «un período más largo de tiempo».

Para decidirse por una de las estrategias contrapuestas que sus comandantes defendían, Hitler los convocó a una reunión, que se celebró el 30 de septiembre y en el transcurso de la cual escuchó sus respectivos puntos de vista. Rommel se mostró pesimista; en cambio Kesselring prometió inmovilizar a los Aliados en el sur de Italia durante un período de 6 a 8 meses; por lo tanto, el 4 de octubre, Hitler ordenó a Kesselring que defendiera con todas las fuerzas disponibles la Línea Bernhard. Rommel debía fortificar una línea en los Apeninos septentrionales y enviar a Kesselring dos divisiones de infantería y algunas unidades de artillería. Y este fue el movimiento de tropas que los Servicios de Información aliados acusaron el 7 de octubre.

Dos días después, Hitler habló de la «importancia decisiva» de la Línea Bernhard, y Vietinglioff, que se había retirado sobre el Volturno y estaba decidido a ganar tiempo para poder preparar defensas adecuadas en su retaguardia, anunció que la Línea Bernhard sería un lugar adecuado para «una decisiva resistencia».

Los alemanes se preparan para resistir
Kesselring le pidió a Vietinghoff que defendiera el río, entre Amorosi y el mar, podo menos hasta el 15 de octubre. Y Vietinghoff prometió hacerlo. Desde la desembocadura del Volturno hasta un punto situado un poco al este de Grazzanise, la descansada y eficacísima 15a División Panzergrenadier defendía un frente de unos 20 km; un regimiento desplegaba en primera línea, mientras los otros vigilaban la costa hasta la desembocadura del Garigliano para prevenir posibles intentos de desembarco. En el sector central, a lo largo de un frente de unos 26 km, que llegaba casi hasta Caiazzo, desplegaba la Panzerdivision Hermann Goering. A la izquierda del Cuerpo de Ejército, los 16 km desde Caiazzo hasta el monte Acero estaban confiados a la 3a División Panzergrenadier, una unidad bastante eficiente que había recibido como refuerzo un batallón, desplegado en el monte Acero.

Las defensas podrían haber sido aún más sólidas si el desembarco anfibio, efectuado por Montgomery en Termoli la noche del 2 de octubre, no hubiera anulado los planes de Vietinghoff. Al a mañana siguiente, Kesselring le ordenó que transfiriese la División 16, que en aquel momento estaba preparando fortificaciones a lo largo del Volturno, al otro lado de la península, a fin de apoyar al LXXVl Panzerkorps, sí bien Vietinghoff, convencido de que los Aliados efectuarían su esfuerzo mayor en dirección a Roma, a lo largo de la carretera nacional n.° 6, prefería mantener a su división acorazada al norte de Capua, donde una victoria aliada podía ser decisiva. Y como una posible victoria angloamericana en el sector adriático tendría una importancia relativamente menor, sugirió que se enviara a Termoli a la 3a División Panzergrenadier, haciendo notar sobre todo que una larga marcha por las montañas desgastaría a los carros de combate.

Pero, quizá por negligencia, ninguna de las dos divisiones se preparó para este traslado. Aquella tarde, al enterarse de que la Panzerdivision no estaba cruzando a toda velocidad la península, como él había dispuesto, Kesselring ordenó a Vietinghoff que pusiera inmediatamente en práctica sus órdenes; el día 4 por la mañana, los panzer se pusieron al fin en marcha hacia el sector adriático. En la línea del Volturno los sustituyó la 3a División Panzergrenadier que, hacia el 10 de octubre, comenzó, de forma fragmentaria, a establecerse en aquellas posiciones defensivas. El grueso de la división no llegó al lugar hasta que los Aliados emprendieron la operación de paso del río.

Esperando poder cruzar el Volturno antes de que los alemanes terminaran la organización de sus defensas, Clark había intentado continuar el avance al norte de Nápoles a marchas forzadas. Al principio, dijo al general McCreery, cuyo Cuerpo de Ejército X estaba realizando buenos progresos, que cruzase el río sin esperar que llegara por su flanco el Cuerpo de Ejército VI, del general Lucas. Sin embargo, como las continuas lluvias, las demoliciones realizadas por el enemigo y las decididas acciones de retaguardia retrasaban la marcha de aproximación del Cuerpo de Ejército al río, pronto se hizo evidente que no sería posible un ataque rápido e improvisado.

Clark ordenó entonces a Lucas que avanzase. Pero incluso las indispensables acciones preliminares del Cuerpo de Ejército VI americano requirieron más tiempo que el que se había previsto. «Los caminos están cubiertos por una capa de barro tan alta que hacer avanzar a las tropas y abastecerlas es una tarea realmente abrumadora -escribió Lucas-. La resistencia del enemigo no es ni siquiera comparable a la de la madre naturaleza». Tanto las pésimas condiciones de los caminos como la precisión del fuego artillero alemán contribuyeron a determinar el retraso del ataque. Finalmente, Clark ordenó a McCreery y a Lucas que lanzasen un ataque coordinado el 12 de octubre por la noche. La rapidez era indispensable, pues las lluvias otoñales ya habían provocado el desbordamiento de los ríos, transformando los valles en verdaderos pantanos, y todo hacía suponer que las condiciones atmosféricas iban a empeorar. Alimentando aún la esperanza de no dejar a los alemanes el tiempo suficiente para fortificar la zona situada al otro lado del río, Clark estaba impaciente por avanzar.

Una vez se hubiera cruzado el Volturno, el Ejército 5 debería avanzar unos 65 km por una cadena de alturas escarpadas, por caminos estrechos y tortuosos, para alcanzar el siguiente gran obstáculo natural: los valles de los ríos Gariglia No y Rá aquella zona no sería nada fácil: las alturas podían ser defendidas por el fuego cruzado de posiciones que se apoyaban mutuamente, y también sería posible utilizar con eficacia las demoliciones y las minas; además, era lógico suponer que encontrarían puentes destruidos y canales llenos de agua. En cualquier momento se correría el riesgo de caer en una emboscada, y bastarían algunas armas automáticas para defender fácilmente las pocas vías naturales de avance.

En la línea defensiva del Volturno cada Cuerpo de Ejército se encontraba, a causa del terreno, frente a diferentes problemas. En la región costera (una zona relativamente llana, cubierta por fértiles campos cultivados, por viñedos y olivares), el Cuerpo de Ejército X británico guarnecía un frente de unos 30 km. Por su parte, el Cuerpo de Ejército VI americano estaba dispuesto en un frente de unos 55 km, en una región montañosa caracterizada por picos rocosos y desnudos, gargantas profundas, cordilleras accidentadas y peñascos abruptos. Con el fin de que el Cuerpo de Ejército VI pudiera cruzar sin contratiempos el río era necesario transferirla División 45 americana de Benevento a la zona de Amorosi, a una distancia de unos 35 km. Esta maniobra proporcionaría una cobertura eficaz al flanco derecho del Cuerpo de Ejército, pues si la división podía remontar después el tramo superior del valle del Volturno por la orilla oriental del río antes del ataque, amenazaría el flanco de las fuerzas alemanas que lo defendían.

La División 45 americana, al mando del mayor general Troy H. Middleton, empezó a descender por el valle del río Calore, avanzando por un corredor de 7 ú 8 km de anchura tan sólo, con alturas impracticables y con caminos en pésimas condiciones. Avanzando lentamente contra retaguardias alemanas que aplicaban con gran habilidad una táctica retardadora, el día 12 la división se aproximó al monte Acero. En este punto, inesperadamente, la resistencia se hizo más dura y se trabó un feroz combate, y aunque al atardecer los alemanes empezaron a retirarse, la División 45 americana necesitó un día más para llegar a la parte superior del valle del Volturno.

Comienza el paso del río
Ante el Cuerpo de Ejército VI americano, entre Amorosi y Triflisco, el Volturno tenía de 50 a 70 m de anchura y de 1 a 1,5 m de profundidad. En muchos puntos era vadeable, pero las aguas impetuosas imponían el uso de embarcaciones, que, por otra parte, las orillas empinadas, de 1,5 a 4,5 m de altura, fangosas y resbaladizas, harían muy difícil echarlas al agua. La vegetación y los olivares que cubrían las elevaciones de la otra orilla proporcionarían excelentes refugios al enemigo; en cambio, los campos abiertos que se extendías por la orilla aliada no permitirían llegar a los puntos de paso con la protección adecuada.

Lucas pensó emplear dos divisiones, una al lado de la otra, en un trecho de río de 25 km. A la izquierda, la División 3 americana debía realizar el esfuerzo principal y apoyar a las fuerzas inglesas que avanzaban poda carretera de Capita a Teano. Por su parte, la División 34 americana, cruzando el río, ayudaría a la División 45, también americana, a alcanzar el trecho superior del valle del Volturno. En el lado izquierdo, el general de división Lucían Truscott jr. eligió dos grupos de elevaciones como puntos vitales para facilitar el intento de la División 3 americana: las elevaciones de las proximidades de Triflisco, que a su vez facilitarían el avance del Cuerpo de Ejército X británico, y la Forca Caruso, que ofrecía a los alemanes un buen punto de observación. Suponiendo que los alemanes esperarían un ataque en la zona de Triflisco pensó encañarles con un movimiento simulado en aquel sector, lanzando, en cambio, el ataque principal en dirección a la citada Forca Caruso, desde donde podría batir después las elevaciones a Triflisco con un fuego de flanco.

Truscott tomó precauciones especiales para sorprender al enemigo, por lo que no descubrió ni su artillería (la mitad de las piezas permanecieron inactivas durante varios días antes del ataque) ni un regimiento de infantería situado cerca de Caserta.

El 12 de octubre, mientras anochecía y aparecía en el cielo una luminosa luna llena, las patrullas se abrieron paso hacia el río, induciendo de vez en cuando al enemigo a disparar alguna ráfaga o a lanzar una bengala, mientras las unidades de artillería efectuaban su aparentemente normal actividad. En la retaguardia, la infantería de los batallones atacantes se reunió y revisó el equipo especial de que estaba dotada: cables que debían servir como pasamanos de guía para cruzar el río, chalecos salvavidas en kapok, botes de goma prestados por la Marina y balsas improvisadas con troncos y pontones. Los ingenieros estaban muy ocupados con las embarcaciones de asalto y los botes neumáticos. Los artilleros estudiaban los planes de fuego. Cuando se aproximó la hora «H»,los ingenieros cargaron las embarcaciones y las balsas en camiones, los conductores pusieron en marcha los motores y largas columnas de infantería empezaron a dirigirse hacia las zonas de concentración avanzadas.

Los alemanes ya se habían dado cuenta de que aquella noche no serla una noche tranquila como las otras. Podían prever que los ataques se lanzarían en algunos puntos obvios; pero hasta el amanecer no se sabría con exactitud dónde pensaba el enemigo efectuar el máximo esfuerzo. A medianoche, la División 3 americana inició su acción demostrativa contra las elevaciones de Triflisco. Una hora después, la artillería de Cuerpo de Ejército y divisionaria abrió fuego en todo el frente, y, finalmente, a la 1,55 horas del 13 de octubre, los artilleros alternaron las granadas de alto explosivo con las fumígenas, a fin de ocultar los puntos de paso. Pocos minutos antes de que la artillería alargase el tiro, la infantería alcanzó el río, avanzando con dificultad por campos llenos de barro. Y a las dos empezó a cruzarlo.Mientras los hombres encargados del transporte de las embarcaciones y de las balsas estaban ocupados lanzándolas al agua, algunos grupos cruzaron anticipadamente el río para fijar en la orilla opuesta los cables de guía. El batallón avanzado se reunió en dicha orilla, y dispuestos en columna, los hombres empezaron a remontar el curso. Estallaron algunas minas levantando espectaculares pero relativamente inofensivas columnas de agua y de barro, y cayeron en el río, con pesado chapoteo, varias granadas de artillería. Luego, el batallón desplegó en los campos y se atrincheró, constituyendo así una base de fuego para las sucesivas oleadas, que se dirigían directamente hacia la Forca Caruso.

Las unidades avanzadas llegaron al pie del monte a las 8, después de eliminar varios nidos de ametralladoras y de desalojar a algunos grupos de defensores de los canales de irrigación que se encontraban en su camino. Adecuadamente apoyados poda artillería, comenzaron a subirla cuesta, arrollando la resistencia enemiga que se iba debilitando, y a mediodía las unidades de cabeza se atrincheraron en la cumbre de la Forca Caruso. Pronto llegaron más fuerzas, y la montaña quedó afianzada en manos de los Aliados.

Junto al río, los carros de combate anfibios y los cañones contracarros autopropulsados esperaban, desde el amanecer, que los bulldozers aplanaran las orillas para permitirles el acceso a los puntos de paso; pero el fuego de la artillería alemana obligaba a los bulldozers a mantenerse a cubierto. Un mensaje interceptado reveló que era inminente un contraataque, por lo que Truscott ordenó que los medios acorazados pasasen inmediatamente, sin preocuparse por los obstáculos. Al final, usando picos y palas, los ingenieros consiguieron aplanar un pequeño trecho, suficiente para que los carros de combate alcanzaran el agua, y así, hacia las 11, el primer carro llegó al banco de arena de la grilla opuesta. A primera hora de la tarde, 15 carros de combate y tres cañones contracarros autopropulsados se encontraban ya al otro lado. Como cinco batallones de infantería habían pasado ya el río y estaban avanzando rápidamente hacia los primeros objetivos, el 13 de octubre por la tarde Tluscott ordenó que se iniciara también el paso en el sector de Triflisco. Fracasaron los dos primeros intentos; pero, al atardecer, los alemanes se retiraron y los americanos, dándose cuenta del inmediato repliegue, cruzaron el curso de agua rápidamente y subieron las pendientes de las elevaciones.  El paso del Voturno


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