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La Necesidad de Contar con Guerreros Técnicos

Coronel J. Douglas Beason, (USAF)
Hay un hiato entre los creadores que saben lo que podrían [sic] inventar, si tan solo ellos supieran lo que se desea y los soldados que saben, o que deben saber, lo que desean y pedirían si tan solo supieran cuánto podría hacer la ciencia por ellos. En realidad aún no se ha rebasado ese obstáculo.
—Winston S. Churchill
DESDE LOS INICIOS de la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aérea ha presenciado la introducción de los aviones de propulsión a chorro, los radares, las bombas atómicas, los misiles balísticos, las computadoras, el láser, el armamento guiado por precisión, los satélites, los sensores infrarrojos (IR) (nocturnos), los vehículos aéreos guiados por control remoto, el stealth—la lista de las contribuciones científicas y técnicas a los sistemas de armamento es interminable, y su contribución al éxito de los guerreros va más allá de lo esperado.

Los Beneficios que la Ciencia y la
Tecnología le Brindan al Guerrero

Si bien el nuevo armamento ha sido introducido rápidamente a la Fuerza Aérea operacional, los avances en la ciencia y la tecnología (S&T), que crecen a una rapidez exponencial, han sobrepasado incluso esa marcha. Los archivos que se han mantenido por milenios revelan que el conocimiento del mundo, desde el amanecer de la civilización hasta la década de los años 50, se ha duplicado desde la década de los 50, y el ritmo es cada vez más acelerado. El guerrero de la actualidad está peleando con sistemas de armamento tecnológicamente más complejos que en el pasado, y ello ha provocado que se necesiten menos guerreros en el campo de batalla.

En la figura 1 se muestra la disminución dramática en la densidad de las cifras (o guerreros por kilómetro cuadrado) que ha sido posible mediante el fomento de la ciencia y la tecnología. El darle cabida a la S&T en el campo de batalla ha logrado que menos guerreros inflijan más daños con más precisión que en el pasado. Por ejemplo, el alcance de una lanza fue extendido por el arco y la flecha, dicho alcance y poder destructivo fue extendido por una bala que, a su vez, fue extendida por una granada de artillería, y ésta fue extendida aún más por los aviones y los misiles balísticos. En su texto sobre la Iniciativa de la defensa estratégica, publicado en la Escuela de Guerra Nacional, el Coronel Simon P. Worden amplió el aprovechamiento de la ciencia y la tecnología al definir la eficacia militar como una medida básica del poder militar de un arma. La eficacia militar constituye una medida cuantitativa del alcance, precisión y letalidad (o poder destructivo) de un arma expresado en una sola cifra.

En la figura 2 se ilustra el incremento dramático en la eficacia de las fuerzas armadas a causa de la S&T a lo largo de los años. Aquí, el eje “y” aparece como el exponente de potencias de 10, por lo tanto el valor máximo de “25” no es un simple factor de 5 más que “20”, sino 105 ó 100,000 veces mayor. Por ejemplo, según el análisis de Worden, los misiles balísticos intercontinentales con cabeza nuclear (ICBM) son 104 ó 10,000 veces más eficaces de lo que era la artillería en 1930. Si bien las tácticas y la estrategia militar han desempeñado un papel en mejorar la letalidad de dicho armamento, el asombroso incremento en la eficacia militar se debe principalmente a una sola causa: los avances en la ciencia y la tecnología y su transición al guerrero.

La Ciencia y la Tecnología en
el Campo de Batalla

La presencia de la ciencia y la tecnología en el campo de batalla aumenta cada vez más. El campo de batalla del futuro consistirá en redes globales que se mantienen informadas acerca de los blancos, sensores complejos, combatientes informados, plataformas aéreas, terrestres y marítimas clandestinas (tripuladas o no), y sistemas de armamento de largo alcance, convencionales (no nucleares) y de alta precisión, todos enlazados por computadoras digitales.2

En la figura 2 aparece un incremento exponencial de la eficacia militar a causa de los avances en la S&T, y dicha tendencia continuará. Ello significa que, en el futuro, la Fuerza Aérea experimentará no tan solo un incremento de un pequeño porcentaje, o incluso el doble de la eficacia militar, sino incrementos de muchos miles de veces, todo a causa del aprovechamiento de la ciencia y la tecnología.

La insinuación es que la superioridad arrolladora de las fuerzas armadas estadounidenses se debe directamente a las inversiones de investigación en los campos de la ciencia y la tecnología de la defensa que se hicieron hace 20 ó 30 años atrás.3 Este hecho bien sustentado se puede apreciar en productos tales como el avión de combate Stealth F-117, el bombardero stealth B-2, el sistema de posición global (GPS), los misiles cruceros, los láser, la microelectrónica, la transmisión, procesamiento y aprovechamiento de la información y las plataformas espaciales pequeñas, entre otros.4 Las decisiones tomadas hace muchas décadas para invertir en la S&T nos han traído a donde estamos en la actualidad, de manera que los guerreros en el “frente de batalla” son más perspicaces, más rápidos, menos visibles, logran más, son más precisos, más versátiles y más implacables que nunca—a la vez que producen menos daños colaterales.

Por lo tanto, la lección es que los avances de la actualidad en la ciencia y la tecnología producirán la siguiente generación de sistemas de armamento para el guerrero. Pero los avances en la S&T de la defensa no suceden de la noche a la mañana, ni tampoco se llevan a cabo en un vacío. Expresado en las palabras de un antiguo científico del prestigioso Bell Laboratories: “El trabajo de calidad exige un apoyo constante. No se puede abrir un grifo y crear ganadores del Premio Nobel de la noche a la mañana”.5 Como en toda iniciativa exitosa, la ciencia y la tecnología requieren sudor y persistencia, al igual que creatividad. En otras palabras, la ciencia y la tecnología de la defensa necesita ser alimentada, cuidada y sostenida. De lo contrario morirá.

La Ciencia y la Tecnología
en la Base Cambiante de la
Industria de la Defensa

En el pasado, una infraestructura que consistía en laboratorios de defensa, industria y académicos generaba la S&T que se aprovecharía para crear el siguiente sistema de armamento importante. El fin de la guerra fría obligó a la nación a apartarse de mantener una base única de la industria de la defensa y depender de mercados comerciales para lograr una fracción significativa de la ciencia y tecnología necesaria para el armamento del futuro.

Pero el mercado comercial también ha sufrido cambios. Y lo más inquietante es que la investigación industrial a largo plazo ha disminuido dramáticamente. En la actualidad, las corporaciones se enfocan en demandas a corto plazo, tales como la fabricación y los problemas relacionados con el tiempo que toma introducir un producto en el mercado, y se han apartado de producir avances en la ciencia y la tecnología que anteriormente servían de base para los proyectos a largo plazo.6 Si bien algunas industrias continuarán evolucionando tecnologías para desarrollar y retener una participación en el mercado, en general, se tomarán menos riesgos y habrá menos innovación. Y, mientras que se elaborarán algunas tecnologías de importancia para los militares, habrá menos integración de tecnologías para fines de la defensa.

Sin la infraestructura necesaria o las atracciones de ganancias, el mercado comercial no cuenta con la motivación para llevar a cabo investigaciones en algunas áreas especiales necesarias para los servicios militares, tales como el refinamiento de las miras de bombardero o la limpieza de plataformas clandestinas, por ejemplo. Además, a medida que las compras militares han disminuido drásticamente, la industria de la defensa ha reducido significativamente sus inversiones en investigaciones y desarrollos (R&D), lo que a su vez disminuye en gran medida la investigación y el desarrollo interno (IR&D) de la industria. Aparte de las oportunidades de establecer intereses conjuntos en campos de doble uso, tales como las tecnologías espaciales, la industria se está apartando de la investigación a largo plazo.

Si bien los laboratorios de la defensa están en condición para aceptar la inactividad, también sufren significativamente a medida que los mismos disminuyen su personal y tienen dificultad en atraer personal con mucho talento. Este problema no es único del Ministerio de la Defensa (DOD), los laboratorios de seguridad nacional del Ministerio de Energía tienen el mismo problema.7 A pesar de ello, los laboratorios del DOD tienen una función importante de proveer un puente para la transición crítica de la ciencia y la tecnología de manera que el arma adecuada con las mejoras correctas llegue al guerrero.

La Necesidad de Contar con
Guerreros Técnicos Competentes 

La naturaleza compleja de la ciencia y la tecnología exige la atención de los expertos. De igual manera que toma muchos años de experiencia para llegar a ser un piloto de la Fuerza Aérea, el aprovechar la ciencia y tecnología adecuada para el guerrero exige años de enseñanza y de experiencia en la investigación.

Indudablemente, se necesita un conjunto de civiles técnicos para apoyar la base de la ciencia y la tecnología de la defensa. Dichos civiles aportarían una continuidad a largo plazo y permitirían que el afán por el futuro esté moderado por la realidad y las lecciones del pasado. Algunos alegan que en vista de que la misión de las fuerzas armadas es la de luchar y ganar guerras, este conjunto de personal científico solamente debe consistir en civiles—dejando la capacidad de librar guerras a los guerreros y permitiendo que dicho conjunto de civiles desarrolle armamento nuevo. Hay un buen punto en el razonamiento de que los militares deben enfocarse en su aptitud básica de pelear.

Pero a los guerreros no se les puede apartar del proceso de llevar el arma adecuada al campo de batalla. Los guerreros tienen que participar en dicho proceso y tienen que contar con la formación adecuada para hacerlo. Dichos guerreros deben ser oficiales técnicos, duchos en S&T y capaces de entender e influenciar todas las fases del proceso de adquisición—desde el científico que lleva a cabo la investigación básica, hasta el gerente industrial que fabrica el sistema de armamento—con el propósito de proporcionarle a los guerreros lo que necesitan. A diferencia de los civiles (incluso los militares retirados), los guerreros técnicos proveen un contexto operacional inmediato para enfocar la ciencia y la tecnología a su utilidad máxima.

Los oficiales técnicos han estado expuestos a experiencias militares de más envergadura que sus homólogos civiles. Esto a convertido al oficial en un “conocedor” de la confianza y las necesidades del guerrero—v.g., un verdadero “guerrero técnico”. Esto es de suma importancia al hacer la transición en la ciencia y tecnología, en vista de que la S&T de la defensa está inextricablemente atada a sus productos finales—el armamento de guerra. Además, los sistemas de armamento complejos exigen que no haya interrupciones a lo largo de las fases de investigación e implementación, desde su inicio hasta su uso. De lo contrario, este problema de “enlace” de la transición de la S&T puede provocar algo que, si bien tiene buenas intenciones, cuenta con deficiencias operacionales para ser entregado en el campo de batalla.

Por lo tanto, la mejor manera de garantizar que hay una transición fidedigna es contar con un guerrero que se responsabilice por el arma desde su creación hasta su fin. Esto exige un pequeño, pero dedicado, grupo de guerreros duchos técnicamente—aquellos que están más cerca al guerrero pero que poseen un dominio impecable de las sutilezas técnicas, junto con la astucia y un fuerte sentido común—para mantener la continuidad. Pero ellos no pueden lograrlo solos. Dichos guerreros técnicos deben obrar recíprocamente con los civiles expertos en S&T a largo plazo, al igual que la industria, los académicos y otros recursos nacionales.

Motivos por los que
Debemos Contar con Guerreros
Técnicos Competentes

Los siguientes motivos por los cuales debemos fomentar un conjunto de guerreros técnicos competentes han sido recopilados de distintas fuentes—desde científicos auxiliares hasta vicepresidentes en corporaciones importantes, y desde guerreros hasta funcionarios de más antigüedad dentro del gobierno. En vista de las responsabilidades de trabajo dinámicas de aquellos encargados de la toma de decisiones en la Fuerza Aérea, es importante que se destaquen dichos motivos para que los líderes se puedan familiarizar con los argumentos fundamentales.
1. La Fuerza Aérea necesita que los guerreros técnicos sean compradores astutos. Al usar el uniforme, a los técnicos de la Fuerza Aérea se les trata diferente que a sus homólogos civiles. La experiencia operacional de los oficiales (o incluso la percepción de dicha experiencia) les otorga un sello de autenticidad en la industria, los académicos y otras agencias gubernamentales. Un oficial conoce de primera mano qué necesita el guerrero. Y dicho conocimiento no se transmite de manera tan convincente a través de un civil porque son la presencia del uniforme y la proximidad a la experiencia operacional las que marcan la diferencia.
Pero no es suficiente usar el uniforme. A fin de que la comunidad S&T confíe en el oficial técnico, éste debe poseer los credenciales académicos adecuados y experiencia en las investigaciones. Al igual que las alas de un piloto capacitado le confieren un sello de credibilidad a los oficiales calificados, un doctorado es la “tarjeta de identidad” que abre las puertas fuera de la Fuerza Aérea.8 Se ha probado que los técnicos de la Fuerza Aérea pueden ser aceptados y que pueden funcionar entre ambos mundos, en calidad de compradores astutos para obtener lo que los guerreros necesitan y cuando lo necesitan. Además, los oficiales con un doctorado resuelven problemas de una manera distinta a los guerreros. Ellos proveen la capacidad de conceptuar, generalizar y sintetizar, brindándole al guerrero información mucho más completa.
2. La Fuerza Aérea necesita que los guerreros técnicos poseen una visión estratégica. El guerrero debe reaccionar ante las amenazas a corto plazo que exijan soluciones técnicas al momento. Los guerreros técnicos con conocimientos operacionales pueden ayudar, ya sea porque poseen un conocimiento directo o porque tiene acceso a la tecnología adecuada. Además, hay problemas a largo plazo que requieren más tiempo y análisis que reaccionar simplemente a la ligera. El fin de la guerra fría ha restringido el presupuesto al punto de “obtener cualquier cosa a cualquier costo y hacerlo para ayer”. Dichos problemas requieren estrategias a largo plazo que van más allá de la reacción rápida que necesita el guerrero. Estos son tipos de amenazas persuasivas y retos emergentes. Dos ejemplos de ello son la defensa nacional de misiles y el control del espacio.
El poder reaccionar ante estos problemas estratégicos sumamente técnicos, requiere un conjunto de guerreros con los suficientes antecedentes científicos que sencillamente no se pueden obtener a través de cursos de capacitación a corto plazo. Dichos oficiales pueden combinar las necesidades a corto plazo del guerrero con estrategias a largo plazo para cumplir con las futuras amenazas y necesidades. Además de contar con un punto de vista operacional, dichos guerreros técnicos pueden entender las realidades, aptitudes y limitaciones de lo que la S&T puede ofrecer.
3. La Fuerza Aérea necesita que los guerreros técnicos sirvan en calidad de intermediarios honrados. Los guerreros necesitan tener acceso a las destrezas de un mediador y traductor técnico que pueda desenvolverse con facilidad entre los dos mundos—el del guerrero y el de la comunidad S&T—y que pueda superar los intereses provinciales.
Sencillamente, observe la cantidad de empresas que licitan contratos del departamento de defensa. Al guerrero le resulta difícil tomar decisiones técnicas firmes después de escuchar presentaciones conflictivas que suenan igualmente deslumbradoras o desconcertantes. No obstante, el contar con uno de ellos en calidad de intermediario honrado, le permite a los guerreros llevar a cabo para lo que han sido adiestrados: ganar la guerra.
4. La Fuerza Aérea necesita que los guerreros técnicos conserven la honradez de la comunidad S&T. La comunidad S&T sabe que el guerrero es un semejante y no un extraño, alguien a quien no se puede deslumbrar o desconcertar fácilmente. Por lo tanto, el guerrero técnico puede “desenmascarar a alguien” si la comunidad S&T no es franca.
Por otra parte, los guerreros técnicos pueden abogar por la comunidad S&T si hay un descubrimiento técnico que amerite una atención inmediata y de alta prioridad—prueba de ello fue el corto tiempo que tomó elaborar el penetrador de casamatas (“bunker buster”) durante la Guerra del Golfo Pérsico. El entregarle mejores armas a los guerreros, a la vez que se les facilitan guerreros técnicos, ayudará a librar las guerras.
5.  Los guerreros necesitan que los guerreros técnicos se conviertan en extensiones de sí mismos. Los guerreros técnicos competentes son necesarios para integrar las etapas durante el desarrollo del armamento, desde su inicio hasta el fin. Deben sentirse como en su casa, desde el banco científico hasta en la oficina del ejecutivo industrial que está creando un sistema de armamento nuevo. El aceptar que el guerrero técnico es un compañero astuto e inteligente es esencial para dicho requisito.
Al contar con un guerrero técnico en dicha capacidad, el guerrero trabaja con un miembro de la Fuerza Aérea en quien puede confiar, alguien que tiene acceso al clima apresurado y peligroso de una zona de combate, al igual que un laboratorio de investigación esotérico. En conclusión, los guerreros técnicos se preocupan por los guerreros porque ellos también lo son.

Capacitando Guerreros Técnicos

Al igual que la Fuerza Aérea no titubearía en colocar a un oficial calificado a cargo de un ala de vuelo, a un médico militar a cargo del cuidado médico o a un abogado militar a cargo de resolver asuntos jurídicos, el garantizar que la mejor S&T se aprovecha para cumplir con la seguridad nacional exige que, como mínimo, un profesional científico militar esté a cargo de las inquietudes de la S&T. En esta era de crecimiento exponencial de los conocimientos científicos, el no contar con un grupo de oficiales científicamente competentes que se responsabilice de la S&T de la defensa, sería semejante a llevar a cabo una batalla sin guerreros. La idea es inconcebible.

Los guerreros técnicos pueden pasar de un descubrimiento a otro en las investigaciones básicas, desde un concepto creativo de operación a un arma que cumple con los requisitos para pelear en una guerra. El poder llevar el nuevo armamento a través de las etapas complejas del proceso de desarrollo garantiza la continuidad. Los guerreros técnicamente competentes son necesarios para que reconozcan los usos futuros (o frivolidades, tal como lo ilustró el desastre del A-12 de la Armada) de un descubrimiento y de lograr la transición del concepto de manera que se convierta en un sistema de armamento militarmente útil.

Más importante aún, los guerreros técnicos pueden mantener el armamento enfocado en su uso final que es el de apoyar al guerrero. Ellos pueden garantizar que no se cargará con requisitos adicionales que, por lo regular, una burocracia con buenas intenciones le impone al armamento. Y ello lo pueden llevar a cabo siguiendo el armamento a través de su ciclo de vida desde el banco científico hasta las manos del guerrero, brindando una transición que pase desapercibida.

Pero, tal como se destacó anteriormente, el obtener un grupo de oficiales técnicos sumamente calificados no sucede de la noche a la mañana. Al igual que con todo grupo de personas motivadas, a los guerreros técnicos se les debe ofrecer incentivos durante sus carreras si es que se desea retener individuos de ese calibre. De lo contrario, los mejores y más brillantes buscarán avanzar en sus carreras en otras empresas.

Con ese fin, la Junta Científica Asesora de la Fuerza Aérea (SAB) recientemente le recomendó al Secretario de la Fuerza Aérea y al Jefe de Estado Mayor que “debemos contar con un patrón para que más oficiales técnicos y científicos progresen en sus carreras militares”.9 Por lo tanto, “la Fuerza Aérea debe administrar las carreras de los oficiales técnicos con el mismo vigor que administra las de los oficiales calificados”.10


 
Los Beneficios que la Ciencia y la Tecnologia le brindan al guerrero
La Ciencia y la Tecnología en el campo de batalla
La Ciencia y la Tecnología en la base cambiante de la industria de defensa
 La Necesidad de Contar con guerreros tecnicos competentes
Motivos por los que debemos contar con guerreros tecnicos competentes
Capacitando Guerreros Técnicos
Conclusiones
Notas
 
Hablando escuetamente, esto significa el proveerle a los oficiales técnicos un patrón de promoción claro y sin ambigüedades. Las tareas de ciencia y tecnología deben considerarse como realces en la carrera y las oportunidades de liderazgo deben existir a todos los niveles. Por ejemplo, el Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea (AFRL) ofrece una excelente oportunidad para preparar guerreros técnicos excelentes. Al hacer ligeras modificaciones a su ya exitosa estructura, el AFRL podría convertirse en un ejemplo para la S&T de la defensa.

Para ilustrar este punto, en la mayoría de las unidades de la Fuerza Aérea se ha adoptado la estructura del ala tradicional. Existen alas de prueba, incluso la Oficina del Comandante de Cadetes de la Academia de la Fuerza Aérea se ha convertido en un ala. Mediante el uso de exenciones y al reconocer la semejanza del AFRL a una Fuerza Aérea numerada, tanto por la presencia de un mando general y el tamaño, resultaría fácil instituir “alas de investigación” ubicadas en las instalaciones de investigación más importantes en existencia. Esto proporcionaría oportunidades reales a nivel de ala para un espectro de oficiales técnicos, desde el escuadrón hasta el mando del ala, hasta finanzas y logística S&T. Además de lograr que la S&T estuviese estructurada como la Fuerza Aérea operacional, también ofrecería amplias oportunidades de liderazgo para los oficiales técnicos en desarrollo.

Conclusiones
La S&T es fundamental para el guerrero. La mejor manera de aprovecharla es contando con guerreros técnicos—oficiales militares competentes que se han granjeado la credibilidad de los guerreros y la comunidad S&T. La única manera de garantizar que se cuente con guerreros técnicos de alta calidad es que la Fuerza Aérea se comprometa a capacitar y promover un pequeño grupo de oficiales para que desempeñen este rol.

Si la Fuerza Aérea desea conservar su ventaja S&T, tiene que contar con oficiales que “puedan hablar el idioma”, que puedan servir de manera competente en calidad de intermediarios entre el guerrero y la industria y que posean tanto la visión como la experiencia técnica. Dichos oficiales tienen que capacitarse y tienen que poseer una mentalidad técnica—no solamente ser oficiales que han sido expuestos a la S&T. De ser así, la Fuerza Aérea sólo contará con oficiales con grados universitarios avanzados y relacionados ocasionalmente con la S&T—y no verdaderos guerreros técnicos. Por ejemplo, la Armada se ha comprometido a capacitar y promover a sus oficiales técnicos mediante programas rigurosos y bien delineados para sus oficiales ingenieros a quienes se les ha asignado un amplio espectro de tareas técnicas, desde puestos en el buque hasta puestos de mando.

Por último, los oficiales técnicos deben tener a su disposición un camino despejado y ascendente. El cuerpo de oficiales necesita un grupo de guerreros técnicos y debe contar con los medios para identificar los mejores y colocarlos en posiciones de liderazgo. Las alas de investigación que están supeditadas al Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea brindarían una estructura ideal. En esta era de programas sumamente técnicos y visibles y de prioridad nacional—tales como el láser con base en el espacio, la defensa nacional de misiles, el láser de abordo y el armamento guiado por energía, entre otros—se necesitan guerreros técnicos para el futuro de la Fuerza Aérea, ahora más que nunca.

Finalmente, a fin de parafrasear un estudio de la SAB, en el mundo de la actualidad, en que los cambios se dan vertiginosamente y está colmado de incertidumbres, el guerrero técnico debe proveerle a la Fuerza Aérea las capacidades para llevar a cabo toda misión, cumplir con toda contingencia, dominar cualquier campo de batalla y ganar cualquier guerra. Sólo así es que se logrará la meta de S&T, cual es ganar la guerra.

Notas 

1. Simon P. Wordden, SDI and the Alternatives (Washington, D.C.: National Defense University Press, 1991, 13-15.

2. Kenneth L. Adelman y Norman R. Augustine The Defense Revolution: Strategy for the Brave New World (San Francisco: Institute for Contemporary Studies Press, 1990), 53.

3. Genevieve J. Knezo, Defense Basic Research Priorities: Funding and Policy Issues (Washington, D.C: Congressional Research Institute, 90-506 SPR, 24 Octubre 1990), 12.

4. Institute for Defense Analysis, “Report of the Task Force for Improved Coordination and Science and Technology Programs”, Washington, D.C., Agosto 1988, 8.

5. Dr. Cammy Abernathy, profesor de ciencias materiales en la Universidad de la Florida, citado por Robert F. Service en “Relaunching Bell Labs”, Science 272 (3 Mayo 1996): 639.

6. “Basic Research White Paper”, R&D Magazine, Octubre 1997, 9; disponible en internet desde Mayo 1998 en http://www.rdmag.com.

7. J. Douglas Beason, DOD Science and Technology Strategy for the Post-Cold War (Washington, D.C.: National Defesnse University Press, 1997), 76-77.

8. La anécdota por excelencia de lo que puede salir mal es la del capitán dinámico que se le envía a rendir un informe ante la industria. Después de una presentación que impresionó a varios funcionarios de la industria, le solicitaron al capitán que observase parte del equipo en el laboratorio. Los funcionarios se sintieron desconcertados al ver que el capitán no pudo reconocer ni siquiera el equipo que había formado parte de su charla. Fue ahí donde se descubrió que el capitán se había memorizado un informe preparado y no entendía ni un sólo concepto fuera de lo que había abarcado.

9. New World Vistas: Air and Space Power for the 21st Century, resumen de volumen (Washington, D.C.: USAF Scientific Advisory Board, 1995), 62.

10. Ibid., 69.

El Coronel J. Douglas Beason, USAF, (Licenciatura, Academia de la USAF; Maestría en Ciencias, National Defense University; MA y Ph.D, New Mexico University) es el comandante del Phillips Research Site y director adjunto de la Dirección de Energía Dirigida, Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea, Kirtland AFB, New Mexico. Entre sus cargos anteriores se encuentran: analista de política en la Oficina de Ciencias de la Casa Blanca; jefe, Destacamento Lawrence Livermore del Laboratorio Nacional, Agencia de Armamento Especial de la Defensa; director de la facultad de investigaciones y profesor adjunto de Física en la Academia de la Fuerza Aérea, director adjunto de Armamento Avanzado y Supervivencia, Phillips Laboratory. Ha sido otorgado el premio del Presidente por Visión Estratégica de la Universidad Nacional de defensa ha publicado 12 libros y más de 80 artículos científicos, técnicos y comerciales. El Coronel Beason es egresado de la Escuela Industrial de las Fuerzas Armadas, la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor y la Escuela Superior de Guerra Aérea, Maxwell AFB, Alabama. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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