Disposición de las corazas: sistema “todo o nada”

Un tema bastante recurrente en relatos navales, o en foros dedicados a la Historia Militar, es el  relacionado con la protección de los buques de batalla (es decir, acorazados y cruceros de batalla) y en particular, la del Bismark. Y creo que esta protección no se puede valorar simplemente en centímetros de acero, sino que es preciso tener en cuenta cómo estaban distribuidas esas corazas.

Para entender por qué se hizo, lo que se hizo, es preciso hacer una breve revisión histórica.

Los primeros buques blindados surgieron en una época en la que los combates navales seguían siendo caso como en la época de Nelson, “de peñol a peñol”. En ellos, las distancias típicas de combate eran a distancia de tiro de pistola (es decir, poco más de 100 metros), por lo que la trayectoria de los proyectiles era rasante, y un buque podía ser alcanzado por cualquier arma de la que dispusiese el contrario. Por ello, en esos primeros buques, para protegerlos, se aplicaron planchas de acero que cubrían el costado del casco, protegiendo sobre todo la batería de cañones.

A medida que el calibre de los cañones navales fue preciso aumentar el espesor de la coraza. Pero el peso de esta impedía proteger todo el buque, por lo que necesario concentrar el blindaje en una zona clave. Así, un buque típico de 1880 tenía un reducto central acorazado, con espesores de hasta medio metro de placas de madera y hierro. El resto del buque (los extremos) tenían una protección mínima o inexistente.

Las corazas de la época estaban fabricadas con pesadas planchas de acero, imposibles de embarcar en un pequeño crucero. Pero era conveniente que las embarcaciones ligeras dispusiesen de algún tipo de protección. Por ello, en esos buques se instaló una “cubierta de protección”: una cubierta plana, o con forma de tortuga, al nivel de la flotación, que protegía maquinarias y pañoles contra los proyectiles enemigos (y, sobre todo, contra los efectos de los proyectiles explosivos que estallasen la obra muerta).

Esta cubierta de protección fue incorporada rápidamente a los acorazados de la época. El temor era que un acorazado, con costados muy bien blindados, fuese alcanzado por un proyectil, que estallase en cubierta (por encima de la coraza), y que los fragmentos resultantes de la explosión dañasen la maquinaria o incendiasen los pañoles. 

Tras todo esto, el acorazado “típico” entre 1880 y 1905 parecía un castillo: con corazas verticales, tras las que estaban los cañones (aunque rápidamente pasaron a torres o barbetas en la cubierta), y con una cubierta blindada (en el suelo del reducto, no en el techo), un poco como si pañoles y máquinas estuviesen en un sótano del castillo (la comparación no es tan mala: las máquinas y sobre todo los pañoles estaban debajo de la línea de flotación, donde los proyectiles no podían alcanzarlos). La artillería estaba compuesta de unos pocos cañones pesados, de cadencia de tiro muy baja (su papel era más rematar a un enemigo ya dañado, que alcanzarlo), una artillería secundaria de calibre entre 140 y 203 mm, que era la que tenía el papel principal (alcanzar a los buques contrarios e inutilizarlos), y una colección de armas ligeras, contra torpederos, etc., incluyendo bastantes ametralladoras.

Un factor extra, que conviene recordar, es que a medida que fue aumentando la potencia de los cañones, y fue necesaria una velocidad más elevada, los buques iban estando cada vez más “llenos”. Mientras que en una fragata acorazada de 1865 (como la española Numancia) el equipo de propulsión (calderas) ocupaba una sala, y los pañoles, otra (quedando el resto del buque destinado a la batería de cañones, a sollados para la tripulación, y almacenes variados, como carboneras, etc.), en un buque de 1900 todo el espacio comprendido entre la torre de proa y la de popa estaba ocupado por los pañoles de municiones y la maquinaria. Así mientras que un proyectil que penetrase la coraza de una fragata acorazada tan sólo causase daños en la batería, un proyectil que hiciese lo mismo en Tushima probablemente dejaría al buque con su velocidad reducida (o al garete). O, peor aún, alcanzaría los pañoles, y el acorazado volaría. Como le ocurrió al Borodino en la batalla citada.

Un problema fue que desde la batalla naval de Lissa (en 1867) hasta la guerra hispano-norteamericana (en 1898) no hubo combates entre buques blindados y, aunque estos entraron en combate de vez en cuando (como en Alejandría), raramente fueron alcanzados por fuego enemigo. Por eso el desarrollo de buques de combate se hizo un poco a ojo de buen cubero, sin saber si las soluciones adoptadas eran adecuadas o no. Así, España confió en los “acorazados de segunda clase”, léase cruceros acorazados, para su desgracia.

En los combates navales de Cavite y de Santiago de Cuba, en el 98, se apreció el mínimo rendimiento de la artillería naval: menos del 5% de los proyectiles disparados alcanzaron al contrario, y eso a pesar de combatirse a distancias bastante cortas (1000 – 2000 m). Por lo que se empezó a considerar otro tipo de fuego naval (luego volveremos a ello). En la guerra ruso-japonesa la distancia a la que se combatió aumentó, y fue entre 7000 y 1000 m. A esa distancia, ametralladoras y cañones ligeros no servían de nada, mientras que la artillería pesada (entre 240 y 340 mm) sí tuvo un papel importante. En las dos guerras citadas la artillería secundaria tuvo un papel muy importante, dañando o incendiando las zonas no protegidas de los buques. A esas distancias la trayectoria de los proyectiles seguía siendo casi rasa.

A principios de siglo se empezó a proponer un nuevo tipo de buque: el acorazado monocalibre. En lugar de muchos cañones de muchos calibres, con puntería local, unos pocos cañones de 305 mm pero con dirección de tiro centralizada, y armamento secundario de menor importancia. Sin embargo, en la protección se recordaban los efectos de las guerras anteriores, por lo que esta se había hecho más extensa. Un acorazado “típico” de 1910 disponía de un buen número de corazas que protegían casi todo el buque. 

Tenía una protección máxima en una estrecha franja en los costados, en las torres principales, en las barbetas, y en el puesto de mando. Una coraza menos espesa prolongaba la coraza principal hacia arriba, y protegía los extremos del buque. Una cubierta blindada (en el suelo del reducto, no lo olvidemos) protegía pañoles y maquinaria.

El resultado era un buque soberbiamente preparado… para resistir a cañones intermedios disparados a bocajarro. Pero los sistemas de fuego centralizados permitían que se combatiese a mayor distancia. Así en Jutlandia las distancias de combate estuvieron entre 9.000 y 18.000 m, y la artillería secundaria tuvo un papel mínimo.

Algunos diseñadores ya lo habían advertido, e incluso se había diseñado un acorazado con otro sistema (luego lo veremos). Lo que se apreció en los combates de la Gran Guerra fue lo siguiente:

- A las distancias a las que se combatió, la artillería secundaria pesada era inútil.

- Los buques de batalla eran alcanzados sobre todo por proyectiles pesados (por encima de 280 mm)

- Las corazas ligeras eran ineficaces contra esos proyectiles, y las principales eran demasiado poco extensas.

- A esas distancias, los proyectiles caían en ángulos altos, por lo que un proyectil podía pasar por encima de la coraza principal, atravesar al débil cubierta blindada (concebida más para parar esquirlas que otra cosa) y dañar gravemente el buque (o incluso incendiarlo y hundirlo).

Por eso se propuso otro sistema de protección, el llamado “todo o nada”. El primer buque con ese sistema fue el norteamericano Nevada (botado antes de la batalla de Jutlandia). En este sistema, la idea era proteger las zonas vitales con el máximo espesor posible, y dejar el resto sin protección.

Ahora la distribución de la coraza era diferente. Los extremos del buque, incluso la artillería secundaria, estaba sin protección (y confiaba sólo en la compartimentación). Al fin y al cabo, una planchita de acero no iba  a parar un “pepino” de 381 mm. La protección se concentraba en torres y barbetas (más cortas, como puede verse en el esquema), en una coraza principal (más gruesa y más alta), y en una cubierta blindada. Esta cubierta unía los extremos superiores de la coraza, como el techo de un búnker, y era más gruesa, al tener que detener proyectiles que cayesen con ángulos de incidencia altos. El peso ahorrado en los extremos del buque se usaba aumentando el grosor de la coraza del “reducto blindado”. Este reducto ofrecía un mayor volumen protegido con protección máxima, que el sistema antiguo.

Un perfeccionamiento añadido (pero no adoptado universalmente) fue inclinar la coraza principal, para favorecer el rebote de los proyectiles con ángulo de incidencia elevado. Se consideraba que una coraza oblicua era un 10% más resistente que una vertical (luego se expondrá más detenidamente).

En el siguiente esquema podemos ver el efecto de los proyectiles:

Se suponen tres trayectorias: trayectoria ‘A’ (proyectiles rasantes disparados desde corta distancia), ‘B’ ( a distancias mayores) y ‘C’ (a larga distancia, caen casi en picado).

En el primer caso, en un buque “clásico”, el proyectil, para alcanzar el pañol, debe atravesar primero la coraza principal (en su zona más gruesa),  y luego el costado inclinado de la cubierta protegida. Aunque a corta distancia no siempre se conseguía detener los proyectiles pesados, estos solían pasar por encima de pañoles y maquinaria (fue el caso del Bismark: la coraza de los costados fue atravesada, pero no se afectó el “corazón” del acorazado; ahora bien, esos proyectiles destruyeron sistemas esenciales, como los de control de tiro, que estaban fuera de la cubierta blindada). En el caso de los buques “todo o nada”, el proyectil sólo debía atravesar la coraza principal, pero esta era bastante gruesa (pero no siempre bastaba).

En el segundo caso, ya cambiaba todo. El proyectil atravesaba la coraza superior (menos gruesa) y luego la cubierta blindada (fina). Sin embargo, los buques con sistema “todo o nada” estaban muy bien protegidos contra esos proyectiles, y a esas distancias resultaban casi invulnerables.

En el tercer caso (proyectiles disparados desde grandes distancias, o bombas), los buques antiguos estaban casi “desnudos”, ya que el proyectil podía pasar por encima de la coraza, y atravesar sólo la débil cubierta blindada. Los del nuevo sistema estaban algo mejor, al ser su cubierta blindada más gruesa, aunque podía ser insuficiente: curiosamente, un acorazado protegido contra disparos a bocajarro era más vulnerable a proyectiles disparados desde lejos.

Un caso especial era el combate en rumbos convergentes. Hasta ahora, se ha analizado el caso de un acorazado que combate por su través (es decir, al que los proyectiles alcanzan con un ángulo de 90 grados). Pero si recibe los proyectiles desde otro ángulo ¿qué ocurre?

En principio, la coraza resiste mejor a los proyectiles que no impacten en ángulo recto. Por una parte, el espesor de esta que se debe atravesar es más grueso. Por otra, la resistencia de la coraza desvía el proyectil, alargando el trayecto a seguir por este, o incluso provocando su rebote. El siguiente esquema (muy simplificado, si lo ve un físico o un ingeniero seguro que me suelta los perros) lo indica. En el caso A (proyectil casi perpendicular) este consigue perforar la coraza. En el caso B (algo oblicuo), se desvía lo suficiente como para que pueda ser frenado por la coraza. En el caso C (con un ángulo de 45 grados) el proyectil rebota en la coraza. Repito, en la realidad es mucho más complejo (pues influye la resistencia de los materiales del proyectil y la coraza, los diseños de estas, etc., pero para el caso es suficiente). Es el motivo del perfil inclinado de los carros de combate.

Pero un proyectil con un curso oblicuo, que no sea completamente rasante, puede tener un efecto inesperado: puede pasar por encima de la coraza principal, e impactar contra la cubierta protegida, como puede verse en el siguiente esquema:

El resultado es que un proyectil de trayectoria “plana” (el caso ‘A’ de anteriores esquemas), se convierte en un proyectil de trayectoria ‘B’ o incluso ‘C’: un acorazado muy bien protegido, combatiendo a distancias medias, puede ser destruido por un proyectil de trayectoria convergente que evite la coraza principal (y es conveniente tener en cuenta que en tiro naval lo más difícil es centrar en alcance: se facilita la puntería). 

El resultado era pues el siguiente:

- En combates a corta distancia (como el último del Bismark) ambos sistemas eran eficaces, pero podían ser insuficientes. El de “todo o nada” estaba algo mejor blindado (y generalmente eran buques más modernos y más grandes), pero era más vulnerable a la artillería secundaria.

- En combates a medias distancias, o combatiendo con rumbos convergentes, el sistema clásico era muy vulnerable, mientras que los nuevos estaban “en su salsa”: lejos de la artillería secundaria, y sin que la pesada pudiese afectarles.

- A larga distancia, los buques clásicos estaban inermes ante los proyectiles con gran ángulo de caída, y los nuevos, parcialmente protegidos (dependiendo del tamaño del buque y el peso de su coraza, lógicamente; no era lo mismo el Nevada que el Yamato).

- Los buques del sistema “todo o nada” estaban mejor protegidos contra artefactos aéreos (léase bombas), que detonaban en la cubierta protegida, a mayor altura que en el sistema “clásico”.

Todo esto puede ilustrarse con la (probable) causa de la explosión del Hood. El Hood, a pesar de ser llamado un “crucero de batalla”, fue modificado tras la experiencia de Jutlandia, por lo que estaba mucho mejor protegido que los anteriores cruceros de batalla. El espesor de su coraza era similar al de los “acorazados” de la clase Queen Elizabeth (uno de ellos, el Warspite, fue cañoneado por toda la HSF alemana, y sólo consiguió dañarlo moderadamente). Pero tenía el sistema de protección clásico, y su cubierta blindada era bastante delgada. Al ser un buque veloz, resultó muy valioso, y eso hizo que en el periodo de entreguerras estuviese en servicio continuamente, sin fuese modernizado. Una reconstrucción prevista para 1939 (que lo hubiese asemejado al King George V) se suspendió por la crisis internacional y el comienzo de la guerra. Así pues, el Hood resultaba bastante vulnerable a  los proyectiles de trayectorias parabólicas, disparados desde lejos.

En la acción del estrecho de Dinamarca, el contraalmirante Holland (al mando de la agrupación inglesa que debía interceptar al Bismark) conocía la debilidad de su buque, por lo que su intención era encontrarse con los buques alemanes, con rumbos casi opuestos, para acortar distancias rápidamente. Pero un error de navegación (y el no querer usar el radar para no delatarse) hicieron que no localizase a los alemanes por unos miles de metros. Entonces, tuvo que navegar con un rumbo convergente (casi persiguiendo a los alemanes). Eso haría que, por una parte, costase mucho más tiempo acortar distancias. Por otra, que el Bismark podría cortar la ‘T’ a los ingleses (es decir, que se pondría de costado contra la flota que se acercaba; así podría disparar todos sus cañones, mientras que el inglés sólo podría responder con los de proa; y la puntería del Bismark sería mucho más sencilla).

Ocurrió precisamente eso: el Hood se acercó al Bismark en un rumbo convergente, recibiendo las andanadas germanas (parece que fue tocado varias veces por el Bismark y el Prinz Eugen). Holland decidió por fin seguir un rumbo paralelo, para poder usar toda su artillería y exponer menos su cubierta blindada. Pero entonces se produjo el impacto fatal. Lo que voy a citar es tan sólo una de las teorías, pero la más aceptada, de la pérdida del Hood.

Mientras el Hood iniciaba su giro, recibió un proyectil del Bismark (de 380 mm), a los dos tercios de la eslora, desde una distancia “intermedia” (si 15.000 metros puede calificarse como intermedia) y una trayectoria oblicua (unos 45 grados con el rumbo del inglés, unos 30 grados de caída) . Este proyectil perforó la coraza superior (menos gruesa que la principal, como ya hemos visto), y luego la cubierta protegida. La combinación de distancia larga con un curso convergente hizo que el proyectil alcanzase la zona más protegida del buque, los pañoles de munición, donde estalló. Se incendió la cordita de un pañol de munición antiaérea (de 102 mm), y este incendio, por una parte, produjo la gran llamarada observada por el Prinz Eugen, y por otra, incendió el pañol contiguo de cordita de 381 mm. El gran aumento de presión partió el buque.

El primer buque del mundo equipado con el nuevo sistema de protección fue el Nevada de 1915, y el último, el Jean Bart, acabado en 1955. Los últimos grandes buques con el sistema antiguo fueron Los Alaska de 1945 (aunque su protección se asemejaba más a un crucero pesado), y el Tirpitz de 1941.

Claro está, luego cada buque tenía sus propias particularidades. Así los Bismark, diseñados en los treinta, aunque con el sistema clásico, disponían de una cubierta protegida muy gruesa, que resguardó sus pañoles y maquinaria hasta el último momento. Mientras que el Arizona de 1915, con el sistema “todo o nada”, tenía una cubierta acorazada menos gruesa, por lo que fue perforada por las bombas japonesas (que eran proyectiles perforantes de 406 mm modificados), y voló.

En una situación “normal”, los buques del sistema antiguo hubiesen sido retirados, y sustituidos por los “nuevos”. Pero las limitaciones navales tras la Gran Guerra forzaron a mantener en servicio buques con el sistema antiguo. Por otra parte, Alemania (que se perdió la carrera naval de los veinte) nunca adoptó ese sistema.

Se construyeron relativamente pocos acorazados del sistema “todo o nada”: Inglaterra, los dos Nelson, los cinco King George V, y el Vanguard.  Japón, los dos Yamato. Italia, los tres Littorio. Francia, los dos Dunkerque y los dos Richelieu. Estados Unidos: todos los buques pertenecían al sistema moderno, excepto los más antiguos (clases Arkansas, Texas, y anteriores, ya retiradas en 1939, y los dos Alaska, con esquema de protección de cruceros). Los demás acorazados, incluyendo los alemanes, eran del sistema “clásico”.

Como se ha indicado, cada sistema tenía sus ventajas. Pero en principio, los del segundo necesitaban menor desplazamiento para la misma protección. Así, el Richelieu francés, de 38.000 Tn, era sustancialmente equivalente al Bismark, de 45.000 Tn (igual protección, igual armamento, igual velocidad), salvo la protección submarina (algo inferior), pero a una fracción del coste del alemán. Los Iowa, del mismo desplazamiento que el Bismark, tenían una artillería más potente, estaban algo mejor protegidos, y eran más rápidos.

Con todo, las ventajas, reales o no, de cada sistema, sólo pueden ser analizadas tras la experiencia del combate (como todo). Y durante la SGM los combates entre acorazados fueron escasos y, entre acorazados modernos, rarísimos. La mayoría de los combates navales entre acorazados de la SGM fueron entre unidades modernizadas, menos valiosas (y que por tanto, eran arriesgadas). Ocasionalmente, los acorazados fueron atacados por bombas aéreas, que dentro de ciertos límites se parecen a los proyectiles disparados desde largas distancias.

Sin ser una lista exhaustiva, se produjeron los siguientes enfrentamientos (en los que algún buque fue tocado; hubo más, pero sin impactos):

- Mar del Plata: El Graf Spee combate con dos cruceros ligeros y uno pesado. Les causa graves daños, pero su coraza es perforada hasta por proyectiles de 152 mm. Días después era hundido por su tripulación cerca de Montevideo.

- Noruega: el Schanhorst y el Rewnon se alcanzan mutuamente por proyectiles, que afectan a zonas no vitales.

- Brest: el Jean Bart (aún sin finalizar) es alcanzado por bombas de la Luftwaffe, sin sufrir daños importantes.

- Mers-el-Kebir: La fuerza ‘H’ ataca a los acorazados franceses en la rada. Los más viejos son perforados por los proyectiles de 381 mm (Provence, que tiene que embarrancar, y Bretagne, que estalla). Los modernos (con el sistema “todo o nada”) resisten mejor el castigo. El Strasbourg puede abandonar el puerto sin daños graves. El Dunkerque es alcanzado repetidamente, y gravemente dañado, pero sin que sean afectados pañoles o maquinaria. Al día siguiente es torpedeado, y resiste una gran explosión submarina (un buque hundido, cargado de municiones estalla junto a su casco), hundiéndose en el puerto, pero sin que su coraza sea perforada.

- Dakar: el Richelieu es cañoneado por buques ingleses, sin consecuencias.

- Combate de Punta Stilo: un proyectil del Warspite estalló parcialmente en la chimenea del Giulio Cesare, acabando el resto en la parte interna de la coraza del otro lado (es decir, que cayó con un ángulo de incidencia de 45 grados o más).

- Estrecho de Dinamarca: El Bismark Hunde al Hood (ya citado), y alcanza varias veces al Prince of Wales causando daños leves (el inglés se retiró de la acción sobre todo por problemas internos: averías por no estar el buque a punto). Aunque el Prince of Wales recibió (inadvertidamente) un proyectil de 203 mm del Prinz Eugen que siguió una trayectoria submarina (es decir, quedó corto, y se desvió hacua arriba, siguendo una trayectoria parecida a un torpedo) que se alojó junto a un pañol, pero no estalló. El Prince of Wales causa daños leves en la proa débilmente blindada del Bismark.

- Final del Bismark: este último es cañoneado a corta distancia por el King George V, el Rodney, y un crucero pesado. Pañoles y maquinaria resultan indemnes, pero las estructuras por encima de esta cubierta fueron arrasadas. Los sistemas de comunicaciones y de control de tiro del Bismark, por encima de la cubierta blindada (ya he indicado que esta estaba muy baja) fueron destruidos, incluso por el fuego de 203 mm. El Bismark toca al Rodney (del sistema “todo o nada”, pero su proyectil no atraviesa la coraza, y no causa daños.

- Pearl Harbour: las bombas japonesas atraviesan la coraza de los buques más antiguos (Arizona, que vuela al ser alcanzado un pañol, Nevada), pero no la de los más modernos (New Mexico, West Virginia, Tennesee). Dos de ellos se hunden (West Virginia, California) por torpedos. Las bombas que alcanzan zonas no blindadas causan incendios difíciles de controlar.

- Operación Torch: El Jean Bart recibe varios del Massachusetts (de 406 mm) y bombas aéreas, siendo gravemente dañado, pero la coraza resiste los impactos.

- Kiel: El Gneisenau es gravemente dañado por varias bombas aéreas, y no sería reparado.

- Guadalcanal: dos combates en 48 horas. En el primero, el Hiei es gravemente dañado por el fuego de cruceros pesados norteamericano, y es hundido al día siguiente (el Hiei era un crucero de batalla de la clase Kongo, muy similar al Tiger inglés). Los proyectiles de 203 mm atravesaron la coraza (concebida para resistir los de 280 mm), incendiaron zonas del buque mal protegidas (por corazas parciales), dejándolo sin gobierno y casi sin propulsión. A las 48 horas, el acorazado inglés South Dakota es cañoneado a 7.000 m de distancia por el Kirishima (gemelo del Hiei) y dos cruceros pesados. Recibe serios daños en la superestructura, pero su coraza detiene todos los proyectiles perforantes (sería reparado en dos meses). Minutos después, el Washington localiza al Kirishima, y lo alcanza con varias andanadas (seis o siete proyectiles de 406 mm y varios de 127 mm), incendiando al nipón, que se hunde dos horas después.

- Estrecho de la Magdalena: dos bombas guiada Fritz X alcanzan al Roma, atraviesan su cubierta blindada, y hacen estallar el pañol de municiones proel (probablemente por un fallo del control de daños). Otra más daña gravemente al Littorio, y otra, un mes después (en Salerno), al Warspite (alcanzando las salas de máquinas). Hay que tener en cuenta que las bombas Fritz X pesaban 1400 Kg, y se lanzaban desde gran altura, por lo que tenían la misma energía cinética que un proyectil de 460 mm disparado a bocajarro.

- Cabo Norte. El Schanhorst es sorprendido por cruceros pesados y ligeros, que lo alcanzan con proyectiles de 152 y 203 mm. Estos no perforan la coraza, pero destruyen los radares y sistemas de control de tiro. Poco después es atacado por el Duke of York. La primera andanada destruye la torre Anton (la proel). Posteriormente el Scahnhorst abre distancias, pero un proyectil de 356 mm perfora la cubierta protegida, alcanza las salas de máquinas y lo deja casi al garete. Se repite el final del Bismark: cañoneado y torpedeado desde corta distancia, el Scahhorst se hunde con casi toda su tripulación.

- Noruega: el Tirpitz es repetidamente atacado por aviones ingleses. En un primer ataque, es alcanzado varias veces y dañado. Una de las bombas (supongo que de 500 Kg, por las características del avión atacante) atraviesa siete cubiertas, pero no estalla (hubiese significado probablemente un incendio de pólvoras). Posteriormente es alcanzado por una bomba Tallboy de 5600 Kg (en al proa) que lo daña gravemente. En otro ataque es alcanzado pro dos Tallboy, da la vuelta y se hunde. El mismo final fue el de los dos acorazados de bolsillo supervivientes: hundidos por bombas Tallboy de la R.A.F.

- Golfo de Leyte. Los acorazados supervivientes japoneses reciben todo tipo de ataques por aviones y buques. El Fuso estalla y se hunde la ser torpedeado. El Yamashiro recibe el fuego de seis acorazados, seis cruceros y varios destructores, así como varios torpedos, y se hunde. El Mushashi es hundido por bombas y torpedos (lo atacaron más de 100 aviones; recibió al menos once torpedos; las bombas parece que no perforaron la coraza, pero causaron daños en las superestructuras). Los demás acorazados y cruceros de batalla reciben bombas, pero sufren pocos daños. Ningún acorazado norteamericano es tocado.

- Lingayen: una agrupación de acorazados norteamericanos (los recuperados de Pearl Herbour) es atacada por kamikaces japoneses,alcanzando a varios. Fueron alcanzados en las superestructuras, y sufrieron importantes daños, pero que fueron reparados en poco tiempo. No fueron afectadas zonas vitales.

- Okinawa. El Yamato parte en una salida suicida, y es hundido por un ataque aeronaval masivo (cientos de aviones), incluyendo más de diez torpedos y varias bombas de hasta 750 Kg. Estas causaron graves daños, pero no sé si atravesaron la coraza (parece que al menos una sí, pues quedó al propulsión dañada). Finalmente, el Yamato sufrió un incendio y estallaron sus pañoles. El New Jersey recibe una bomba cohete suicida (Okha), y varios kamikaces de otros tipos, pero se estrellan contra la coraza vertical, y resulta indemne.
 

Hubo muchos más ataques, sobre todo por bombarderos con bombas ligeras, por submarinos (no los he incluido), etcétera, pero bastan para sacar alguna conclusión. En principio, los buques con el sistema clásico soportaron muy mal las bombas aéreas, y regular el fuego naval (dependiendo del calibre y la coraza; no es lo mismo el Graf Spee que el Bismark). Las corazas parciales (como las de proa) no resistieron ni el fuego de cañones medios, demostrándose que era una pérdida de dinero y de peso.

Los acorazados del sistema “todo o nada” resistieron algo mejor las bombas (hay que tener en cuenta que eran buques más modernos), aunque estas los dañaban en sus zonas sin blindar. La coraza del sistema “todo o nada” no fue perforada por proyectiles en ninguna ocasión. 

En el caso concreto de los acorazados germanos (los dos Schanhorst y los dos Bismark), lucharon en inferioridad de condiciones, lo que puso de manifiesto sus defectos. Resultaron bien protegidos contra torpedos y explosiones submarinas (mejor los Bismark, claro), mal contra bombas aéreas (recordemos la del Tirpitz que no estalló o las recibidas en Brest o Kiel), bien contra proyectiles de trayectoria rasante. Los Bismark no recibieron proyectiles a larga distancia, pero el Scahhorst sí, siendo su coraza perforada. Los proyectiles que los alcanzaron en zonas fuera del reducto central (pero con coraza parcial) atravesaron esa protección sin problemas (el caso del Bismark). El principal defecto es que su cubierta protegida baja dejaba al descubierto zonas vitales, y fue la causa de la pérdida del Bismark y del Schanhorst. Asimismo, para tener una protección equivalente al sistema “todo o nada” necesitaban casi 10.000 Tn más.

De todas formas, durante la SGM aparecieron armas irresistibles, como las bombas pesadas (desde las de 750 y 1.000 Kg de los bombarderos en picado, a las de 5.600 y 10.000 Kg de la R.A.F.), bombas guiadas (las citadas Fritz X, y las aliadas, que no fueron usadas contra buques), torpedos, etc. En pruebas tras la guerra, se vio que los cañones de los Iowa resultaron ser tan potentes como los monstruosos de 460 mm del Yamato, y podían perforar su coraza, sobre todo a gran distancia. Grandes distancias que los nuevos computadores de control de tiro permitían. Por último, en los sesenta los soviéticos desplegaron su primer misil antibuque. Aunque tosco, tenía más energía cinética que un proyectil del Yamato.  La era del acorazado había acabado.


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